Anaitasuna

01.07.2021 | 00:39
Anaitasuna

Una vez más reiterar los recuerdos que trae a mi memoria Patricio Martínez de Udobro el pasado 6 de junio en El Rincón del Paseante (DIARIO DE NOTICIAS). Este hombre tiene la facultad de hacer que rememoren hechos que se pierden en la noche de los tiempos, nunca se olvidan. Al mencionar el Anaitasuna en su paseo, no pude menos que estremecerme emocionado. De alguna forma participé en su creación, me refiero a las instalaciones ubicadas en la calle J.M. López Sans. He sido delineante toda mi vida. En aquellas fechas trabajaba en el estudio de los arquitectos que lo diseñaron. Eran tiempos de la escuadra, el cartabón y el paralex. Se me daba bien. Aún conservo la mesa de dibujo y el estuche de compases Kern fabricado en Suiza. Hoy ya no se usa ni el portaminas (lápiz). Todo se hace con ordenadores. Desde muy joven me ha gustado nadar. No mencionaré dónde lo hacía. Me apunté en el Anaita, así lo llamábamos y disfruté muchos años. Una anécdota de aquellas fechas ya que menciona en su escrito el Rally Fotográfico. Nunca he participado en ninguno, ni sé cómo se desarrolla, aunque haya hecho fotografías como cualquier hijo de vecino. Al grano. No citaré su nombre, pero si lee esto, se dará por aludido. Compañero de laboro, amigo entrañable, gran persona. Bajando la cuesta de Curtidores con las murallas de Iruña a la diestra se llega al puente de la Rotxapea. Justo al otro lado, había una curva cerrada que enfilaba hacia la calle Río Arga. Pues bien. En el citado lugar había un cuartel de la Guardia Civil. El buen mozo se plantó ante él pertrechado con su máquina y empezó a hacer fotografías. Lo detuvieron. Conforme avanzaba la mañana acudieron más, que siguieron los mismos pasos que el primero. Cuando se percataron de qué iba la movida los liberaron. Qué cosas. Como decía, hay sucesos inolvidables, parece hubieran sucedido ayer mismo. Con el pabellón a rebosar se celebró la fiesta de los Donantes de Sangre. No sé por qué la presidió un político, sin serlo (donante). Sería para salir en la foto. "Cosas raras veredes, querido Sancho", le decía D. Quijote a Sancho Panza. Fue Antonio Medardo, nuestro presidente de entonces, que me impusiera en la solapa la primera medalla de oro. El abrazo con palmadas en la espalda casi me saltan las lágrimas. Uno que es emotivo, no pudo evitarlo. Saludos Patricio.

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