Ruido desinformativo

01.08.2021 | 01:41

Sabemos que Internet ha abierto masivamente sus puertas a la publicidad de cualquier negocio. Las empresas reclaman su espacio digital en las redes, que es donde masivamente se encuentran sus potenciales clientes. En este contexto, es sabido que muchos influencers participan en campañas publicitarias ofreciendo productos de belleza, restaurantes de moda, descuentos en marcas o paquetes vacacionales a cambio de dinero. Pero también son carne de cañón para ser utilizados por empresas clandestinas que se dedican a difundir información falsa con el fin de atacar a las instituciones democráticas de un país, a sus gobiernos o a los partidos de la oposición. Pretenden sembrar la discordia e interferir en procesos democráticos con conspiraciones virales a través de las redes. Recientemente, saltaron las alarmas con las denuncias de varios influencers franceses y alemanes que recibieron una oferta por parte de la agencia de relaciones públicas Fazze para que difundieran información falsa sobre la vacuna desarrollada por Pfizer. Según denunciaron algunos de estos youtubers, la empresa les ofreció 2.000 euros por compartir vídeos, fotos o textos en donde se argumentara el aumento de la tasa de mortalidad asociada con dicha vacuna.Ante este problema de salud pública, la Unión Europea ha intensificado durante la pandemia sus esfuerzos para luchar contra la propagación de noticias falsas y la desinformación en línea; y coopera con las plataformas online para animarles a promocionar las fuentes autorizadas y suprimir los contenidos que resulten falsos o engañosos. Por su parte, la ONU ha lanzado la campaña Pause, para que los usuarios de las redes hagan una pausa antes de compartir información poco fiable sobre la pandemia. Pero existe un vacío legal en la regulación de los contenidos de las plataformas digitales; por eso, se hace necesaria una normativa que obligue a los anunciantes y a la industria publicitaria a asumir un compromiso de autorregulación. Por su parte, los gobiernos deberían acelerar sus planes de alfabetización digital para que los ciudadanos desarrollen cuanto antes un pensamiento crítico digital que les proteja del ruido desinformativo que, a veces, se produce en las redes.

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