Evoluciona la involución
Hace pocos días estuvimos con mi esposa en las oficinas de la Seguridad Social de Yanguas y Miranda. Yo había estado antes, unas oficinas bien montadas, con una amplia puerta de entrada, un mostrador a la izquierda donde atendían los trámites menores y una cómoda sala de espera para las cosas más complejas donde se aguardaba la indicación de los paneles de televisión para que te atendieran en la mesa que se correspondía con tu asunto. Pero ahora la cosa es diferente. La puerta principal está cerrada a cal y canto por una persiana metálica y se accede por una pequeña entrada lateral custodiada por un guardia de seguridad con su porra correspondiente que dice quién puede pasar. La cola, lentísima, se hace en la calle sin que importen las inclemencias del tiempo, mientras la sala de espera interior está vacía, ocupada solamente por media docena de personas con cita previa, otra media sin ella, y todos sin mascarilla así que no le podemos echar la culpa al covid. En el mostrador ya no hay nadie y a los que no tienen cita previa se les atiende en una única mesa (de ahí la cola interminable), y del resto solo están operativas la mitad.
Repito, cuarenta butacas vacías en la sala y cuarenta personas en la calle. Eso sí, a la una en punto el de la puerta tuvo la deferencia de dirigirse a la última mitad de la cola y decirles que se fueran a sus casas porque no llegarían a la entrada antes de las dos, hora de cierre, a tiempo para que les atendieran y así no tener que darles con la puerta en las narices. Todo un detalle. Y es solo un ejemplo más, se te queda cara de tonto.
Cada día tenemos más ministerios, más políticos, más expertos. Contamos con adelantos técnicos de todo tipo y, sin embargo, se hacen las cosas cada vez peor. La sanidad involuciona día a día, el médico de cabecera se ha convertido en virtual. Las listas de espera ya no son largas, son caóticas. Llamar por teléfono a cualquier administración te ofende, porque o bien no lo cogen o te toma el pelo un contestador. La clase política se ha convertido en la nueva aristocracia, solo importan ellos, los problemas de los ciudadanos no les atañen. Lo malo es que el voto no sirve, porque si no están los unos, están los otros. Harina todos del mismo costal. Los franceses sí que supieron resolver su problema con la aristocracia.