No es el caso, en Navarra, de los actuales presidentes de la Audiencia Provincial y Salas de lo Social y Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia, en mérito a su “cursus honorum”, pero el sistema de nombramientos discrecionales para cargos de responsabilidad y funciones, principalmente jurisdiccionales, permite que candidatos con menor antigüedad en carrera, categoría y orden jurisdiccional, sin especialidad o especialización, o cosa que se le parezca, que otros aspirantes sean preferidos a estos últimos.
Oportunistas, cazadores de recompensas políticas, beneficiados de los jefes de filas, cumplidores de consabidas promesas como la inaugural “seré presidente de todos”; entiéndase, de sus amigos y acólitos.
Esto no es tanto por el régimen vigente cuando por su uso arbitrario, a despecho de los principios de mérito y capacidad y de igualdad en la concurrencia.
Sistema de reparto de cuotas entre los competidores favoritos de las facciones gobernantes, llamado internamente de “cambio de cromos”. Ya no entre jugadores de la misma categoría o división, sino de varias.
Muchos los llamados y no pocas veces el de menos capacidad y mérito, el elegido. O lo que es lo mismo, premio de la mediocridad vs. preterición de la excelencia.
En palabra extraídas de un relato del Premio Cervantes 1990: “… la visita quedó pasmada al enterarse de que el gobierno de este mundo no estaba en manos de lo mejorcito, sino de medias cucharas cuando no de pelafustanes. Que tal morralla tuviera su arbitrio…” (la presidencia de órganos judiciales colegiado, añadimos nosotros).