Lo sucedido en Paiporta, con vecinos lanzando barro, piedras y palos en señal de protesta durante la visita de los monarcas y el presidente del Gobierno, representa algo mucho más profundo que un acto de ira local. Es la expresión de un sentimiento que resuena en toda España: el hartazgo de una población que, ante cada nueva crisis, se siente ignorada por quienes deberían estar para apoyarla.

Las inundaciones en la Comunidad Valenciana han dejado un rastro de destrucción, víctimas y familias destrozadas, pero la respuesta de los líderes políticos no ha estado a la altura. Los valencianos -como tantos ciudadanos en situaciones similares- han tenido que enfrentarse prácticamente solos a esta catástrofe. La ayuda de las autoridades se ha limitado a visitas y declaraciones, mientras la ayuda concreta y efectiva se demora o simplemente no llega. ¿Dónde están los equipos necesarios? ¿Dónde está el apoyo urgente de los cuerpos de emergencia? Estas son las preguntas que no solo se hacen en la Comunidad Valenciana, sino que se repiten en cada rincón del país.

La rabia que estalló en Paiporta es la respuesta de una ciudadanía agotada de ver cómo sus problemas reales se encuentran siempre en segundo plano para quienes nos gobiernan. Los valencianos hablaron por todos nosotros, dejando claro que ya no estamos dispuestos a aceptar una clase política que aparece solo para la foto, mientras el pueblo sigue abandonado. Paiporta nos recuerda que es hora de exigir acciones reales, porque España ya no puede seguir esperando.