Cada Navidad Pamplona se transforma en un espectáculo de luces que ciegan calles, plazas y ciudadanos. ¿Realmente necesitamos tanto brillo? Considero que todo el dinero que se invierte en decorar las calles de nuestra ciudad podría ser utilizado para otras mejoras más importantes, como la educación, la sanidad o la calidad de calles y carreteras. Además, según un estudio del Ayuntamiento de Pamplona, la factura eléctrica navideña asciende en cantidades inimaginables, y no puedo evitar pensar en lo absurdo que es semejante derroche.
La contaminación lumínica que esto genera es verdaderamente molesta. No solo tapa estrellas, sino que también provoca dolor de cabeza y fatiga visual, algo que sufrimos todos los ciudadanos que transitamos las calles. ¿De verdad necesitamos los pamploneses sentirnos como luciérnagas atrapadas en un mar de bombillas de colores? Los decoradores parecen competir por el premio al más extravagante, añadiendo las más luces, colores y formas posibles. ¿Dónde ha quedado eso de “menos es más”?
Es por esto que necesitamos replantearnos la cantidad de luces que se utilizan. ¡Responsables municipales, por favor, actúen con sensatez antes de que Pamplona quede cegada por el destello de la Navidad! Menos luces significan un mayor ahorro económico y menor contaminación medioambiental. La Navidad puede seguir siendo igual de mágica sin tanto brillo.
Estudiante de 1º Bachillerato en Jesuitas Pamplona