Del salario mínimo al salario justo
La subida del salario mínimo suele presentarse como un avance social, pero su impacto real es desigual. El coste de la vida varía enormemente entre grandes ciudades y entornos rurales, lo que hace que un salario mínimo uniforme resulte insuficiente en unos lugares y difícilmente asumible en otros, especialmente para pequeñas empresas y explotaciones del medio rural.
En las grandes ciudades, el salario mínimo no garantiza una vida digna debido al elevado coste de la vivienda y del transporte. En muchos pueblos, en cambio, la vida es más económica, pero la falta de empleo estable y bien remunerado empuja a la población, especialmente a los jóvenes a emigrar. El resultado es un círculo vicioso de despoblación, cierre de servicios y abandono del territorio.
Frente a esta realidad, cobra sentido pasar del concepto de salario mínimo al de salario justo. Un salario justo no se limita a cumplir un umbral legal, sino que permite vivir con dignidad, cubrir necesidades básicas, aportar estabilidad familiar y proyectar el futuro. No es una cuestión de caridad, sino de justicia, responsabilidad social y particularmente de acción preventiva para la conservación de espacios naturales, ríos y montes, actividad más rentable que enviar a la UME, cuando ya tenemos los desastres.
Aplicado con criterios de proporcionalidad y teniendo en cuenta la viabilidad de las empresas, el salario justo puede convertirse en una herramienta clave contra el abandono rural. Ofrecer empleo digno en entornos donde el coste de la vida es menor facilita el arraigo, revitaliza pueblos y sostiene servicios esenciales como escuelas, comercios o centros de salud.
Además, una mayor redistribución territorial del empleo reduce la presión sobre las grandes ciudades y favorece formas de vida más económicas, sostenibles y humanas. Apostar por el salario justo, acompañado de políticas públicas adaptadas al territorio, no solo mejora las condiciones laborales, sino que contribuye a un modelo de desarrollo más equilibrado y cohesionado.