Lugares que nos inspiran. Lugares donde reunirse en torno a la hemeroteca. Faros de luz para este mundo oscuro, inculto y desleído. Y te encuentras con que no todas abren todo el día, ni todos los días, en este mundo nuestro que ya no duerme, cuyas veinticuatro horas son de actividad. Y eso sin ser Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Las Palmas, por citar ciudades grandes, donde se trabaja permanentemente y hay gente a todas horas.
Pues Pamplona necesitaría tener abiertas sus bibliotecas -un servicio público- al menos de lunes a domingo, de mañana y de tarde, dejando las noches para dormir. Y pregunto que por qué no es así, y me dicen que falta personal. ¿Perdona? Sí, que no hay gente suficiente para cubrir todos los turnos, ni en cada barrio ni en la general. Y a mí me entran sudores fríos.
Claro, es mejor contratar asesores políticos y demás chupópteros, amiguitos del partido que gobierne -que todos tienen los suyos-. Para eso sí hay dinero. Pero para la cultura, no. Que al pueblo, cuanto más tonto, mejor se le maneja. ¿Verdad?
Pues mira, mira cómo gestiono lo de todos: sin nada de vergüenza te sangro hasta el infinito y me voy a la playa a dorarme al sol. Y esto pasa. Cuando se debería apostar un poco más por la cultura y el arte.
Porque la biblioteca es un tesoro que debemos conocer. Y si está cerrada, no se puede. Así que destinen más recursos y más personal. Que no será porque no haya gente que quiera trabajar, ni por dinero. Sí, ese que se llevan crudo en bolsas de basura y en comisiones. Pues así lo digo: rompiendo una lanza por las bibliotecas.