Acaba de publicarse el informe anual de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial, donde año a año se actualizan las principales amenazas al sistema económico mundial. En el corto plazo (2 años) dominan los riesgos geopolíticos, sociales y tecnológicos como el estado de confrontación en las relaciones internacionales, la desinformación o la polarización social. En el largo plazo (10 años) los mayores impactos serán sin embargo ambientales: fenómenos relacionados con el clima extremo, la pérdida de biodiversidad y los colapsos de ecosistemas, y los cambios críticos en los sistemas de la Tierra. Además, la contaminación y la escasez de recursos naturales aparecen también en el top 10.
La pregunta clave para las administraciones, empresas y organizaciones es muy clara: ¿Estamos gestionando solo la urgencia del hoy o debería afrontarse en mucha mayor medida los riesgos estructurales del mañana y, a su vez, preparar a las generaciones venideras para ello? En el contexto actual, en el que proliferan los ataques a la soberanía de los pueblos, las invasiones y guerras motivadas por la apropiación de recursos, cuya explotación empeorará por cierto la situación climática, y una globalización cada vez más desenfrenada, la gestión estratégica del riesgo se posiciona como uno de los elementos más decisivos en todos los ámbitos.
Por otro lado, recientemente Naciones Unidas ha publicado un informe de evaluación global de desastres naturales. En 2024 las pérdidas económicas asociadas a estos fenómenos superaron los 2 billones de euros, un 2 seguido de doce ceros. Esto es más de 10 veces lo que se pensaba hasta hace poco debido a que se han incluido efectos indirectos y ecosistémicos, que muchas veces tienen un impacto diferido o difuso, pero no por ello menos importante. Pero hay dos cosas que son todavía más llamativas: primero, que desde comienzos de siglo esta cifra se ha cuatriplicado y año a año va aumentando de modo que prácticamente con total seguridad 2025 superará el dato de 2024.
Segundo, si se mira la evolución de estas pérdidas en el tiempo la correlación con el aumento de temperatura media global es casi de uno a uno. Dado que las proyecciones de cambio climático siguen en la línea de incrementar la temperatura en los próximos años, las evaluaciones anteriores pintan un escenario muy crítico para la economía global y, quizá, apuntan a un punto de inflexión en el sistema de acumulación del capital y crecimiento económico que gobierna hoy en día el mundo. Este es un mensaje para que tomadores de decisiones, asesores y el poder político incluyan estas perspectivas en sus informes y evaluaciones.
*Miembro de Fundación Clima-Klima Fundazioa