Les escribo como madre y, sobre todo, como familia de un niño nacido prematuro extremo.

Nuestro hijo llegó al mundo meses antes de lo esperado, 24 semanas para ser exactos, tan pequeño que cabía en nuestras manos. Desde el primer instante, cada respiración fue una lucha.

Cada sonrisa, un milagro, cada pequeño logro una victoria celebrada con lágrimas y esperanza. Ha tenido que luchar desde el primer día por crecer, aprender y adaptarse a un mundo que a veces parece demasiado grande para él. Cada paso que da requiere esfuerzo y apoyo constante. Compararlo con niños nacidos a término no refleja su realidad ni respeta su camino.

En otras comunidades autónomas se reconoce esta situación y se permite, de forma excepcional y justificada, que los niños prematuros puedan escolarizarse en un curso inferior, cuando ello favorece su bienestar emocional, social y académico.

En Navarra, sin embargo, esta opción no existe, ni siquiera cuando informes médicos y educativos lo recomiendan. Nos duele profundamente pensar que nuestro hijo puede enfrentar frustración, inseguridad y dificultades evitables solo por el lugar donde nació y vive.

No pedimos un trato especial, sino comprensión, flexibilidad y una mirada centrada en el interés superior del menor. Forzar a un niño prematuro extremo a seguir un ritmo para el que aún no está preparado, podría borrar la confianza y la seguridad que ha ido construyendo con tanto esfuerzo.

Creemos en una educación inclusiva, humana y sensible a la diversidad, que valore cada logro, por pequeño que sea, y respete su ritmo de aprendizaje. Por eso solicitamos revisar el criterio actual y establecer un procedimiento que permita valorar individualmente estos casos, para que ningún niño se vea perjudicado por una norma que no contempla su realidad.

Ojalá esta petición sirva para que otros niños prematuros puedan crecer y aprender en un entorno que respete su ritmo, su historia y su dignidad.