Laura Pausini se ha empapado de Pamplona en los últimos días y poco le costó meterse al público del Navarra Arena en el bolsillo. La artista ha permanecido durante toda la semana en la ciudad junto a su equipo técnico y artístico ultimando en el recinto navarro cada detalle del espectáculo, convertido estos días en centro de operaciones de una gira llamada a ser uno de los grandes acontecimientos musicales de la temporada.
La expectación se tradujo en una imagen rotunda desde mucho antes del inicio del recital: sin apenas huecos visibles en las gradas, pista completamente ocupada —con público sentado en sillas— y una atmósfera de gran cita en el pabellón pamplonés. A las 21.00 horas exactas, con puntualidad milimétrica, comenzó el espectáculo.
Un castillo, una espada y una declaración de intenciones
Las pantallas gigantes del escenario proyectaron la imagen de un castillo medieval, una fortaleza visual que marcó el concepto escénico de la noche: la música como reino propio. En ese instante apareció Laura Pausini, vestida con pantalones plateados y una prenda de lentejuelas del mismo tono que evocaba una cota de malla contemporánea.
Con una gran espada en la mano, lanzó la primera frase de la noche: “¡El escenario es mi castillo! ¡Aquí la reina no soy yo, sino la música!”, antes de arrancar con Yo canto, el tema que da nombre a la gira y que sirvió de apertura para un concierto concebido como un recorrido por distintas etapas de su carrera. "Yo soy quien la protege (a la música), acompañada por mi ejército desarmado, un ejército que combate solo con micrófonos e instrumentos musicales para defender aquello en lo que cree: la música, la única reina", ha manifestado.
La escenografía reforzó constantemente esa idea de fortaleza: estructuras monumentales, proyecciones envolventes y una puesta en escena diseñada para subrayar la dimensión narrativa del recital.
“Buenas noches, Iruña”, euskera y humor con los pintxos
Desde los primeros minutos, Pausini buscó una relación directa con el público navarro. Saludó con un “Buenas noches, Iruña” que provocó una primera ovación y, más adelante, se atrevió con varias palabras en euskera.
“Mila esker, maite zaituztet, eskerrik asko, corre que te casco”, dijo desde el escenario, reconociendo inmediatamente que se trataba de un idioma "complicado" para ella, pero agradeciendo el cariño recibido durante su estancia en la ciudad.
La cantante también compartió una de las anécdotas más comentadas de la noche: su amor por el jamón y el descubrimiento de la gastronomía local. Explicó que durante estos días en Pamplona ha disfrutado especialmente de los pintxos, "algo que engorda seguro, pero que está buenísimo", aunque inicialmente los pronunció como “pitxos”, lo que le obligó a consultar a su marido, el músico y director artístico Paolo Carta, para asegurarse de que no había dicho “ninguna barbaridad”.
Entre risas, comentó: “Porque se parece a una palabra que todos conocemos...”, provocando risas y una nueva complicidad con el público.
Sin tomarse a ella demasiado en serio, antes de beber un poco de agua reconoció que cuando se emociona mucho pierde la salivación y parece "un camello".
“Soy una Pau-plonica más”
Uno de los momentos más cercanos llegó cuando intentó definirse como vecina simbólica de la ciudad: “Estoy aquí en Pamplona y soy una Pau-plonica más (combinando su apellido con el gentilicio, como algún fan suyo le había comentado)”.
La frase, pronunciada entre pequeños tropiezos al intentar decir correctamente “pamplonica”, porque ella pensaba que para hombres era "pamplonico" y para mujeres pamplonica, se convirtió en uno de los guiños más celebrados de una noche en la que la artista habló mucho, improvisó y se mostró especialmente comunicativa.
Más tarde sería Rosana quien, desde el propio escenario, le recordaría con humor cómo debía pronunciar correctamente el gentilicio, indistintamente del género.
Mikel Izal y Rosana: colaboraciones
Uno de los puntos más esperados del concierto llegó con la aparición de Mikel Izal, recibido con una gran ovación por el público local. Juntos interpretaron Pausa, en uno de los momentos más emotivos de la noche.
Pausini elogió al artista navarro públicamente, calificándolo como “un gran cantautor”, y reveló que en su día le pidió que le escribiera una canción similar a esa.
La respuesta de Izal, entre risas, fue clara: un cantautor no puede repetirse. Incluso bromeó, declarándose navarro introvertido, con un posible tema titulado Stop. Aun así, Pausini insistió en que le gustaría que algún día compusiera algo parecido para ella.
Después llegó el turno de Rosana para interpretar El Talismán. La italiana confesó que esa canción y su autora la impactaron profundamente desde el primer momento, en el año 1996.
Ambas artistas, explicó, han mantenido una relación telefónica constante durante años, pero fue precisamente en Pamplona donde sintieron que esa amistad quedaba sellada definitivamente en cuerpo y alma.
Un niño llamado Izan, un pañuelo rojo y un momento espontáneo
En una noche llena de interacción, Laura Pausini se fijó en una madre situada en las primeras filas junto a su hijo, Izan, de cuatro años.
La cantante invitó al pequeño a subir al escenario, pero la vergüenza pudo más y el niño prefirió quedarse junto a su madre. Aun así, el gesto no pasó desapercibido: Izan quería entregarle un pañuelo rojo, uno de los símbolos más reconocibles de las fiestas navarras.
Fue uno de esos momentos de espontaneidad que reforzaron el tono cercano de un concierto donde Pausini se dirigió la artista en numerosas ocasiones a las primeras filas. También hubo mención de la artista de Faenza a padres y madres por acudir al concierto en compañía de sus hijos. Se dirigió a una madre cuya hija estaba dormida, y pidió un minuto de silencio para no despertarla. La artista incluso dijo al público que son "la hostia" y constató que los asistentes tenían "una buena afinación", lo cual, según apuntó, no sucede en todos sus espectáculos.
También su hija estuvo presente
Entre el público se encontraba también la hija de la cantante, a quien Laura invitó igualmente a subir al escenario.
La joven rechazó la propuesta, y Pausini aprovechó para bromear sobre sus diferencias de carácter: “Menos mal que somos distintas, porque dos como yo en casa sería difícil de sobrellevar”.
Pausini apuntó que varios de los autores e intérpretes de las canciones que ha versionado en su último disco se han puesto en contacto con ella y dijo que una de ellas ha sido Shakira, a la que calificó de "reina de la música latina". Del repertorio de la colombiana ha interpretado 'Antología'.
Por otro lado, antes de interpretar 'Turista', de Bad Bunny, señaló que todo el mundo le dijo que "cómo era posible" que ella cantara un tema del puertorriqueño.
Un estreno de gira con valor especial
La cantante subrayó en varias ocasiones la importancia de este primer concierto del tour. Estrenar una gira, explicó, siempre implica medir sensaciones, comprobar ritmos y, sobre todo, sentir la reacción del público.
En Pamplona encontró exactamente la respuesta que buscaba: una audiencia entregada desde el inicio hasta el final.
Setlist de Laura Pausini en Pamplona
- Yo canto
- Mi historia entre tus dedos
- Escucha a tu corazón
- Emergencia de amor
- El primer paso en la luna
- Hijo de la Luna
- Entre tú y mil mares
- Por qué te vas
- Verdades a medias
- Como si no nos hubiéramos amado
- Volveré junto a ti
- Cuando nadie te ve
- Y mi banda toca el rock
- La isla bonita
- Se fue
- Oye mi canto
- Pausa (con Mikel Izal)
- El talismán (con Rosana)
- Durar
- En ausencia de ti
- Gracias a la vida
- Entre sobras y sobras me faltas
- El patio
- Amores extraños
- Antología
- La soledad
- Inolvidable
- Escucha atento
- Similares
- Las cosas que vives
- Bienvenido
- Primavera anticipada
- Turista
- La vida es un carnaval
- En cambio no
- Víveme
- Bachata Rosa
- Gente
- Hasta la raíz
- Hoy
- Eso y más
- La vida loca
- Mariposa teknicolor
Bises, petición de más canciones y despedida con Ricky Martin
La despedida llegó con un último gran giro escénico: en las pantallas apareció una videollamada grabada con Ricky Martin, preludio de una explosión final con Livin’ la vida loca, convertida en cierre festivo de una noche de máximo voltaje musical.
Tras cerca de tres horas de actuación, el concierto llegó a su tramo final cerca de la medianoche. Pero el público no quería despedirse.
Después de los bises, buena parte del pabellón comenzó a pedir más canciones. Pausini respondió quedándose unos minutos más sobre el escenario y regalando un fragmento a capela que fue recibido con una ovación cerrada. Incluso entonces se asomó varias veces entre bambalinas, dejando claro que tampoco ella tenía prisa por marcharse: "No me quiero ir".