El segundo mandamiento de la doctrina cristiana de la iglesia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Poco aprecio se tienen a sí mismos algunos miembros de la santa madre Iglesia cuando cargan y hacen chistes (con escasa gracia por cierto) sobre la regularización de los inmigrantes.
Dónde queda su caridad cristiana hacia las personas que se encuentran entre nosotros y que realizan trabajos en precario sin derechos, cuando lo único que ansían es un futuro mejor para ellos y sus familias. Personas en muchos casos con un bagaje cultural importante, tenemos que darles una oportunidad, mirarles a los ojos, no sentirlos como una amenaza, tendámosles nuestra mano. Somos un pueblo de emigrantes y hemos sentido el desarraigo y la desconfianza.
Señores de la Iglesia, ¿de qué lado están? No contribuyan a fomentar bulos.
Con esta regularización no les estamos dando más que un permiso de trabajo porque los necesitamos, para que sigan ocupando trabajos precarios, pero de forma legal, les estamos permitiendo pequeños derechos como poder alquilar una habitación y no dormir en la calle o poder acudir al medico cuando están enfermos, dejar de ser invisibles, nada más.
No nos van a quitar el pan del morral.