Los y las que como yo teníamos alrededor de 30 años cuando el golpe del 23 F, somos totalmente escépticos sobre la desclasificación de los documentos oficiales relativos al tema.
La primera pregunta que nos hacemos es ¿quién decidió qué guardar; y a cargo de quién han estado todo este tiempo? Tenemos tantos motivos para recelar sobre los procedimientos oficiales y sobre las personas encargadas de ejecutarlos que el margen que nos queda para creernos nada se reduce a cero coma cero.
¿Quién cree que no ha habido nadie que haya revisado dicha documentación antes de publicarla para dar conformidad a lo publicado o para evitar que salgan documentos comprometedores para quien autoriza la divulgación? ¿Alguien puede pensar que Felipe González mandó archivar documentos que pudieran incriminarle en el tema de los GAL y que siguen custodiados bajo cinco llaves esperando a qué para sacarlos a la luz?
Ya tenemos una edad y una experiencia como para saber, o imaginar, cómo funcionan las cosas. En la Administración, como en la vida, ganan siempre los “vivos”. Y entre los demás convivimos crédulos y escépticos como yo.