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Carta a la directora

A Javier Lacunza

A Javier LacunzaIban Aguinaga

El pasado domingo, las primeras notas de la diana matutina resonaban con tristeza por las calles del casco viejo iruindarra. Las gaitas lloraban la pérdida de uno de sus más fieles servidores; Javier Lacunza, gaitero de Pamplona, nos dejaba la noche del sábado a sus 82 años. Ha sido una vida de trabajo y amor por y para un instrumento: la gaita. Y todo ello desde la discreción, el buen hacer y el compromiso con la música. Javier ha sido promotor de un enorme resurgir del instrumento, favoreciendo su desarrollo y la promoción de intérpretes a lo largo de toda la geografía navarra, e incluso más allá de sus fronteras. Una labor cuidada y meticulosa, pero con gran valor patrimonial y sentimental para todos nosotros y nosotras.

Me gustaría creer que si existe una gloria para los grandes gaiteros allí te estarían esperando Julián y Demetrio, Nicolás García, los hermanos Lumbreras, Virto, Jesús Mondéjar, los Carasatorre, José y Eugenio, Moisés y Miguel Ángel, los Montero al completo… y que por supuesto, te han recibido tal y como te mereces: como el Gaitero que supo continuar con su legado y mantenerlo vivo; pero además, saber poner en valor su instrumento. Nuestro instrumento. Como nos dice su fiel escudero José Luis, la herencia musical y vital que nos deja es grande, pero está más viva que nunca; así que es nuestra labor como gaiteros y gaiteras que perdure a lo largo de la historia. Y no dudes, amigo Javier, que así será. Nosotros nos encargaremos de hacerla inmortal. Porque mientras haya vida, habrá música.

Goian bego, lagun. Hasta siempre, maestro.

El autor es gaitero, alumno y amigo