Síguenos en redes sociales:

A Napardi

A NapardiJavier Bergasa

Escribí el otro día un email a Napardi, preguntándoles si era cierto que no admitían mujeres como socias. No me han contestado, tal vez porque soy mujer. No me acordé de preguntar si admiten negros o gitanos (sugiero que alguien lo haga). 

Me produce una mezcla de asombro, curiosidad y, hasta una pizca de admiración su capacidad para mantener vivas tradiciones que, francamente, creía extintas, como el fax. Mientras otros se conforman con excluir por clase social o nivel adquisitivo, ustedes han optado por un criterio más... biológico. ¡Bravo! Nada como un buen cromosoma para definir quién merece disfrutar de sus instalaciones. Me pregunto, ¿tienen también un detector de ADN en la puerta o se fían del aspecto físico?

Un consejo desinteresado: si su objetivo es mantener el club como un refugio de masculinidad frágil, les sugiero que también prohíban la entrada a hombres que sepan cocinar, llorar o cambiar un pañal. Así se aseguran de que solo queden los verdaderamente puros.

En fin, señoras, chicas, niñas, no piséis esa cueva de trogloditas, ni siquiera para limpiar… Esta recia tradición se acabará el día en que las mujeres desaparezcan de vuestras vidas.