Soy madre de un bebé de un año y a lo largo de este periodo he sido testigo de primera mano de la decadencia de la atención sanitaria de nuestra comunidad, y en especial la de nuestros hijos. La asistencia no puede depender de la buena voluntad de los profesionales sanitarios, sino de una adecuada gestión de los recursos y medios disponibles. He sufrido la inoperatividad de la Unidad de Lactancia ante la falta del único profesional destinado a ello debiendo recurrir a los servicios privados.
Y ahora seguimos sufriendo la falta de asistencia de la Unidad de Atención Temprana, esa entidad que debe valorar a los niños con posibles deficiencias en motricidad, lenguaje, etcétera. El desarrollo de los niños, sobre todo en los primeros años de vida y más en los primeros meses, es crucial para su posterior evolución y cada día cuenta en estos problemas. Llama la atención que se llame temprana cuando después de casi 4 meses seguimos sin haber recibido una llamada para una primera valoración.
Servicios sanitarios tan fundamentales no pueden depender de un único profesional que, en caso de enfermedad o atendiendo a sus derechos laborales, no esté disponible no siendo sustituido ante la falta de recursos económicos y de profesionales. El sistema no puede basarse en titulares políticos que anuncian recursos que luego para la ciudadanía son inexistentes.