¿Qué le gusta a Barcina? Pues lo que no ha parado de hacer en estos ya muy largos años que lleva como alcaldesa de Pamplona: "Escuchar a la gente". No es un mal chiste. Si este periódico no miente, eso dijo de sí misma, sin que le entrara la risa floja, en el discurso de aceptación de su candidatura a la presidencia del Gobierno de Navarra. Una candidatura avalada por el 99"33% de los votos del comité ejecutivo de su partido. Mayoría búlgara se ha dicho en estas páginas. Yo casi diría que norcoreana. Así que venga de "escuchar a la gente" se nos ha pasado la buena señora todo esto tiempo. Y nosotros sin enterarnos. Escuchando a la gente y "transformando Pamplona", aunque de eso ya dijo modestamente la susodicha que el mérito no era suyo, sino de su equipo. Se refería al equipo que acaba de ser vapuleado con el fiasco de esa otra candidatura, la de la Capital Europea de la Cultura. De aquella aventura a la ciudad sólo le va a quedar como recuerdo la estatua de un papa con ribetes fundamentalistas en la rotonda de un barrio bien. Puestos a traernos algo de Torun, la ciudad polaca con la que Pamplona iba de pareja artística, quizás pegaba algo más la imagen de su más ilustre hijo junto al Planetario: Copérnico, padre de la astronomía moderna. Demasiadas luces para el equipo municipal de Barcina, que todavía debe de seguir creyendo que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra. Para UPN, la cultura son Bertín Osborne y agua bendita. Los únicos incautos que se creyeron lo de la capitalidad europea fueron los cuatro jóvenes músicos que pretendieron impulsar la candidatura echándose a la calle con sus instrumentos. Craso error. Acabaron multados y todavía pueden dar gracias de que la Policía Municipal de la candidata -la otra- no aplicara con ellos la receta que suele con los desafectos al régimen. Ilustrador esperpento. Barcinato en estado puro. Ahora quieren extender la fórmula al resto de Navarra. Qué miedo.