Desde su puesta en marcha con el socialista Julián Balduz como alcalde de la ciudad, el Servicio de Euskara del Ayuntamiento de Pamplona ha hecho de contrapeso al intencionado vacío con el que el departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, o si se quiere, la Institución Príncipe de Viana, ha regalado sistemáticamente a la cultura hecha en lengua vasca. Unos presupuestos siempre escasos y las anteojeras ideológicas de los responsables políticos de turno no han impedido que esta minúscula unidad administrativa cumpliera con una función de animación sociocultural a favor de los euskaldunes de la capital a la que otros estamentos han renunciado por prejuicio cerril, incompetencia manifiesta y desconocimiento aldeano. Si los vascoparlantes pamploneses de todas las edades hemos podido gozar de una, aunque sea mínima, oferta de charlas, teatro o música en nuestra lengua, disfrutar todos los otoños con el Bertsoaroa (más de 500 espectadores en la sesión de la semana pasada) o acceder a cursos de formación sobre las materias más diversas, ha sido muy principalmente gracias a este Servicio. Como no podía ser menos, la literatura ha sido también, desde el principio, otra de sus líneas de trabajo. Bajos sus auspicios, el concurso literario en euskera para autores noveles ha sido convocado por el Ayuntamiento de Pamplona ininterrumpidamente desde 1985, tal como esta misma institución hizo en los tiempos anteriores a la dictadura de Primo de Rivera y durante la II República. Gracias a este galardón, han publicado su primera obra muchas de las personas que hoy y aquí son alguien en el campo de la creación literaria en lengua vasca. Quizás sea esa la razón por la que UPN decidió cargárselo el año pasado. Creo que adujo problemas presupuestarios. Siempre son problemas presupuestarios.
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