las posiciones se radicalizan y se obcecan. Los discursos se extreman y se demencian. Y si hay elecciones, naturalmente, arrasan los partidos más conservadores. Siempre es igual. La gente vota a las derechas cuando tiene miedo. Es un automatismo. Una pulsión política. Una especie de regresión insensata que, en según qué circunstancias, puede resultar fatal. Pero bueno. A mí me recuerda al suicidio en masa de los lemmings. Ya lo sabes: la irracionalidad y la cobardía son dos de las más viejas y encantadoras virtudes de la masa humana. Cuando en el bachillerato nos enseñaban que en realidad el nazismo alcanzó el poder arrasando en las urnas en una época de crisis económica y social, no nos lo podíamos creer. "No conoces a tus vecinos hasta que hay una crisis", decía Woody Allen en Match point. En fin. La conquista de las libertades en la sociedad civil pasa siempre por la necesidad de reducir al mínimo la influencia del miedo. Pero ahora el miedo es lo único que sube en la bolsa. Mientras tanto, las libertades conquistadas se encogen y retroceden. Recuerdo una entrevista de Hobsbawm en la que decía que las grandes ideologías de hoy en día son: la utopía del libre mercado absoluto, la xenofobia y los fundamentalismos religiosos. No suena demasiado edificante. El miedo no es una ideología, claro. Pero sabe cómo extraer lo peor de todas ellas. Además, puede ser inducido y manipulado con una facilidad más bien espantosa. No hace falta nada. Ni siquiera hace falta comprometerse demasiado con lo que se dice. Basta con agitar los espantajos y repetir una y otra vez las incertidumbres y las amenazas que nos acechan. No sé. Me fastidia decirlo pero da la impresión de que vienen malos tiempos. Y al parecer, los partidos de la ultraderecha están ahí, agazapados. Esperando su ocasión. No sólo en EEUU, también en toda Europa. Han guardado las formas agresivas y la parafernalia paramilitar. Y ahora adoptan maneras de buenos chicos y organizan veladas de té. No va a quedar otro remedio que prepararse para una época de resistencia moral. Digo yo.
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