el lunes pasado, día de la Constitución, a eso de las seis de la tarde, el gran bazar asiático estaba abierto. Fui a comprar brochas y un rollo de papel adherente porque se nos ocurrió pintar una habitación para aprovechar tanto día de fiesta. La mujer africana con el pañuelo de colores en la cabeza estaba comprando cosas de Navidad con sus dos hijos. Llevaban un abeto pequeño con adornos y un belén. Habían cogido unas cuantas figuras y las habían puesto sobre el mostrador. La novia del dependiente chino, una europea del Este bastante guapa, tal vez polaca, se pasa las tardes allí. Miró las figuras y con un acento inequívocamente navarro le dijo a la mujer: "¿Para qué te vas a llevar el pescador si no tienes río? Déjalo y coge más pastorcicos". Me dije: ya tengo media columna para mañana. La verdad es que había pensado hacer un montón de cosas en el puente, pero luego no te da tiempo a nada. Me iba a poner a escribir en serio, iba a leer unos cuantos libros, íbamos a ir al monte, a ver películas y a pintar el cuarto. Cualquier cosa menos viajar, claro. Conozco a gente que se iba a Praga con menos quince grados. Otros que se iban a Londres con menos diez. Hala. Otros a Berlín. A Estambul. A Bruselas. No sé qué habrá sido de ellos. En los informativos no han hecho más que contar las penalidades de los viajeros. Es como todo: cuando se democratiza se convierte en un asco. Así que me alegro de haberme quedado. Pero estos días de invierno se te pasan en la inopia. Al monte, no hemos ido. Escribir: nada. Leer: poco. Por cierto, en el libro que estoy leyendo ahora, Mis premios, Thomas Bernhard dice: "Cómo aborrezco esas ciudades de tamaño medio con sus monumentos arquitectónicos por los que sus habitantes se dejan desfigurar durante toda la vida. Iglesias y calles estrechas en las que personas que cada vez se vuelven más apáticas vegetan hasta que se mueren". Este Bernhard era un tipo un poco intratable, claro. En fin. Respecto a las paredes, ni siquiera sé cómo han quedado, porque como no sale el sol casi ni las veo. Eso sí: tres brochas por dos euros. Aquí tienen que cambiar algunas cosas.
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