este último domingo, a más de un euskaltzale navarro le entró un ataque da maldad al encontrarse en la puerta al amigo, pariente o vecino navarrero rogándole por su madre que le dejara entrar y ver la final del cuatro y medio. Yo no habría tenido piedad: le habría abierto mi casa, pero le habría amargado con mis dentelladas dialécticas cada uno de los 22 tantos que hizo Irujo más los 17 de Barriola. Y eso que, con la llegada de la TDT, no en todas las casas que querían seguir viendo ETB por vía analógica pueden hacerlo en la actualidad. La técnica se ha aliado con la política de UPN, partido al que, espero, sus votantes pelotazales estarán ya agradeciendo el apagón del otro día. Pero, pequeñas venganzas aparte, para ellos el perjuicio es puntual, mientras que para otros muchos es de todos los días. En este paraíso de la democracia llamado Navarra podemos ver la televisión riojana, que nadie había solicitado, pero nos niegan una captación normalizada de las cadenas vascas, a pesar de que somos miles los que lo estamos pidiendo. El acuerdo que firmó el Gobierno Foral con la CAV para ver ETB-1 y ETB-2 es actualmente papel mojado, y ni tan siquiera incumbe a ETB-3, canal en el que el ente público vasco ha vertido toda su programación infantil y juvenil. Desde hace varios meses, nuestros pequeños ya no pueden ver dibujos animados en euskara, pero no creo que eso constituya un motivo de vergüenza sino de satisfacción para UPN. En las mismas fechas en que la Unesco señalaba una vez más al euskara como un idioma en peligro de extinción, el Gobierno de Miguel Sanz volvía a ciscarse en jueces, Parlamento foral y cualquier mínimo sentido de la equidad y la justicia para ratificar ese prevaricador reparto de licencias radiofónicas que deja fuera a Euskalerria Irratia. Vendrá la final del manomanista y volveremos a meter el dedo en el ojo de sus votantes.