El pescado de Pamplona es el más caro de Egpaña, según ha dicho el Ministerio de Industria. No hace falta que venga ministerio ninguno a contarnos a las amas de casa lo caras que están las cosas, ya que hace mucho tiempo que salir de casa con 50 euros para hacer algo de compra decente es como salir de casa con cinco euros a tomarte unos potes y pretender emborracharte. Esta ciudad es infame, desvergonzadamente cara, indecentemente elitista sin tener motivo ninguno para serlo y asquerosamente endogámica, también en precios. Bares, restaurantes, alquileres, pisos, tiendas de alimentación, comercios, está todo salido de madre hace años, décadas incluso, y nadie ponemos coto a semejante desmán. Yo hace mucho tiempo que me niego en redondo, por ejemplo, a tomar nada en un bar que se haya puesto de moda, de esos bares que un domingo a las 12 y media de la mañana parece que regalen algo y que te arrean unas hostias que te dejan temblando. En cambio, a mucha gente eso le gusta, supongo que es por el tema éste de que les vean en el sitio de moda y esos asuntos que a mí siempre me han parecido cercanos a la enfermedad mental. Lo mismo vale para la comida. Conozco gente que por debajo de determinados precios no compra en las tiendas porque piensa que pueden ser productos de mala calidad, casi casi canucidos. Somos una ciudad de pijos y pijas, de -con todos los respetos- simples obreros de tres al cuarto que nos hemos creído algo porque le debemos 200.000 euros al banco por la casa, 30.000 por el monovolumen y que nos tomamos potes en la plaza del Castillo o San Nicolás para que nos vean los conocidos el nuevo pantalón que hemos comprado, el móvil -táctil, por supuesto- y la silleta de marca que tiene el crío. Anda y que no nos hace falta un meneo de mucho cuidao.

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