Culpable, sólo uno. Responsables, muchos. El programa Informe Semanal (TVE) emitió un reportaje sobre Daño Cerebral Sobrevenido, realizado en el Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral, e incorporó el testimonio de José Carlos Arranz, madrileño de 31 años, profesor de biología y matemáticas. Su daño cerebral grave le sobrevino en Pamplona, en las inmediaciones de la Plaza Consistorial. Una botella impactó contra su cabeza durante los prolegómenos del chupinazo de los Sanfermines de este año. Un cerebro roto, una vida dañada. La recuperación será larga y de resultado final incierto. Su novia se preguntaba si volverá a ser el mismo. La persona autora del lanzamiento de la botella tendría parte de su penitencia moral en el seguimiento diario del calvario y esfuerzo del damnificado y sus allegados. Un gesto airado, violento, iracundo, le borró facultades cerebrales y le emborronó sus perspectivas de vida personal y profesional. Un culpable y muchos responsables. La organización municipal del acto de inauguración de las fiestas hace años que delegó en el caos. Con motivo del 50 aniversario del primer cohete (1991), recolecté las voces de buen número de quienes tuvieron el orgullo de prender su mecha. El cuestionario común incluía una pregunta sobre la viabilidad de la plaza del Ayuntamiento como escenario del mediodía de 6 de julio. Todos realzaban la belleza del marco de la fachada gótica, el carácter institucional del edificio, y lo entrañable y emblemático de ese rincón pamplonés. Algunos ya alertaban sobre los crecientes riesgos en la seguridad. Lejos de concebir alternativas -con rigor desde el concepto de la seguridad y con creatividad desde los contenidos-, el Ayuntamiento dejó que el chupinazo evolucionara hacia una masificación alborotada, sosa y etílica. Le basta con la impresionante foto de la marea de pañuelos rojos a los pies de la balconada de autoridades e invitados. Unos segundos de gloria estética impulsada por una moda de origen desconocido. La ecuación popular parece ser: a más cristales por el suelo, a más suciedad corporal y urbana, más fiesta. Torpe cálculo. El accidente del botellazo partió de un incidente: la Policía Municipal irrumpió entre la muchedumbre para evitar la exhibición de una bandera legal. Actuación imprudente con consecuencias desproporcionadas. Las iniciativas del Ayuntamiento en relación con el chupinazo han consistido en más contenedores de vidrio y mayor dotación sanitaria, requisa de huevos, ketchup y harina (¿y las botellas de cristal?), disparo de confetis rojos y blancos, música por megafonía para apagar gritos políticos, y secuestro obsesivo de ikurriñas. Incómodo, peligroso, sucio, gamberro, insípido. El actual carácter del chupinazo no es para tirar cohetes.
- Multimedia
- Servicios
- Participación