Esteban Muruetagoiena era médico de Oiartzun cuando la Guardia Civil le detuvo en 1979 acusado de haber curado en su casa a un miembro de ETA herido. Absuelto de tales cargos, en 1982 fue nuevamente detenido. Nunca se supo qué se le imputaba. Permaneció incomunicado durante nueve días en aplicación de la Ley Antiterrorista, primero en San Sebastián, luego en Madrid. Puesto en libertad, falleció dos días después dejando una niña de pocos meses. A pesar de numerosas evidencias en sentido contrario, los jueces dictaminaron que no habían mediado malos tratos en su muerte. Eran los 80, los años de plomo en los que ETA asesinaba casi una persona cada cuatro días. Pero no todos los muertos de esa década, ni de después, los provocó ETA. Que pregunten a la familia del orbaiztarra Mikel Zabaltza, quiénes y cómo mataron a su hermano. Hoy ya no estamos en los 80. ETA se encuentra en estado terminal, sin más actividad ya que producir comunicados delirantes. Sin embargo, las detenciones no cesan, y las denuncias por torturas tampoco. Algunas de ellas incluyen estremecedores relatos de vejaciones sexuales. ¿Falsedades? Los informes de organismos internacionales y las instancias judiciales europeas no opinan lo mismo. El Parlamento Foral, con los votos de UPN, PSN y CDN, se negó la semana pasada a tomar en consideración una propuesta de Nafarroa Bai sobre el tema. No pedía demasiado. Sólo que hiciera suyas las recomendaciones de Amnistía Internacional para la prevención de esta lacra. Este fin de semana, dentro de las jornadas organizadas por el Foro Cívico contra la Tortura, se ha podido ver en Pamplona el corto The doctor, realizado por Tamara Muruetagoiena, la hija de aquel médico de 1982 que salió agonizante de dependencias policiales. Ella, como muchos hijos de asesinados por ETA, tampoco conoció a su padre. Yo les mandaría el DVD a sus señorías, para que se lo piensen antes de volver a mirar para otro lado.