Que el PP no haya pegado una patada en el culo a Pablo Zalba, nuestro hombre en Bruselas, retrata a todo un partido. Lo de Zalba, un asunto "feo, incómodo, duro y complicado" en palabras textuales del presidente de los populares navarros, Santiago Cervera, va a quedar, a todo lo más, en el patinazo de un pardillo, por decisión de la autoridad nacional de la formación que lidera Rajoy. Extrañar, poco puede extrañar de un partido en el que repiten candidatura gente como Camps o Fabra, pero la regeneración que proclama el PPN queda severamente tocada por la actuación del niñato. En la disputa por el electorado de centro-derecha, UPN ya se lo está pasando por las narices. Y eso que los regionalistas tampoco se han cortado un pelo en el momento de confeccionar sus listas. Tan revelador como lo de Zalba resulta el hecho de pretender que repita Josetxo Andía en la alcaldía del valle de Egüés, a menos de un mes de una sentencia judicial que condena a su Ayuntamiento a pagar 7 millones de euros como indemnización a la misma empresa a la que rendía servicios su antiguo y condenado alcalde, Ignacio Galipienzo, del que Andía era brazo derecho y concejal de Urbanismo. Una sentencia en que la misma juez que la ha dictado ha mostrado su extrañeza ante la estrategia de la defensa del Ayuntamiento, por no parecer defender los intereses del mismo, a lo largo de un juicio en el que ya hay testigos que han manifestado su alucine por el nivel de compadreo entre las partes. En ese cenagal, Andía sería, como mínimo, responsable político del agujero que el veredicto judicial deja en las arcas municipales egüestarras, pero eso no parece preocupar a UPN. El valle de Egüés es el único lugar de Occidente al que no afecta la crisis del ladrillo. Hay un plan urbanístico que posibilita la creación de 30.000 viviendas y ejecutarlo es lo único importante. Se nota cierto olor a paella valenciana en el ambiente.
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