cuando, el pasado miércoles, entré en Youtube para ver el vídeo de La chula potra y su canción La bofetada, la versión larga del mismo había registrado más de 11.000 entradas y la abreviada iba acercándose a las 37.000 (ayer eran 19.000 y 44.000, respectivamente). En la edición digital de este periódico, el número de entradas con opiniones de lectores superaba a las de la salida de EA de Nabai. Sorprendería, en una persona tan calculadora como se le supone a Yolanda Barcina, que no hubiera calibrado que el primer efecto de su demanda contra Julieta Itoiz iba a ser precisamente dar publicidad a un producto que ya para estos momentos, varios meses después de ser colgado en la Red, había pasado ya casi al olvido. Los pagamos a doblón todos los pamploneses, así que la todavía alcaldesa no anda precisamente falta de asesores que le avisen de esos tiros que salen por la culata. La aspirante al trono que hoy calienta Miguel Sanz habrá sopesado los pros y los contras de una acción judicial que, al menos en un primer momento, ha puesto altavoz a lo que se pretende silenciar. Quizás le hayan podido las ganas de mandar un aviso a navegantes y otros críticos con su persona y su gestión ante la previsión del futuro cargo: andaros con ojo, que como os paséis un pelo os voy a pulverizar. O simplemente ande buscando focalizar la atención en una campaña en la que la multiplicidad de oferta políticas en la derecha del espectro ha desdibujado su candidatura: Yolanda, sola, contra esa chusma de hippies, izquierdistas y abertzales. Con la candidata de UPN no hay medias tintas, o la detestas o la amas hasta el delirio, y parece que cuanto más exterioriza su sentimiento esa primera mitad de ciudadanos más adhesiones provoca en la otra. Por lo que respecta a la letra en sí, no acabo de ver ni machismo ni mucho menos xenofobia. Hay cosas que pueden chirriar en los oídos, cosas que yo nunca escribiría de nadie, pero esto es un rap, con toda su acidez y toda su hipérbole, no una balada de amor ni una columna periodística.