La lista de Nafarroa Bai al Ayuntamiento de Pamplona que encabeza Uxue Barkos obtuvo el domingo 21.715 votos, o sea, 4.000 votos más que los 17.562 que consiguió esta misma formación para el Parlamento Foral. ¿De donde vinieron estos votos? No lo sé. Pero entre los que votaron a Bildu, a Izquierda-Ezkerra y a UPN (sí, a UPN) a la cámara navarra más de un millar de cada uno no lo hizo al Consistorio. Quizás no estaban tan descaminados los que pretendían, sin éxito, que la periodista pamplonesa fuera la cabeza de lista de la coalición para el legislativo foral. Por cierto, Nafarroa Bai se configura tras estas elecciones como un partido eminentemente urbano. Salvo excepciones, y dejando parte Villava, paradigma de una nefasta gestión electoral, la coalición tiene fuerza ahí hasta donde se oía el tañido de la campana María. Fuera de Iruñerria, en los ámbitos rurales y sobre todo en la Montaña, su espacio ha sido ocupado por Bildu. La formación soberanista ha protagonizado aquí un notable estreno, aun sin llegar al fulgurante éxito de la CAV. La irrupción de Bildu configura así un nuevo mapa político que, paradójicamente, lleva en su seno la práctica imposibilidad de cambio político. El Parlamento foral es la única cámara autonómica del Estado donde, el domingo, las fuerzas conservadoras retrocedieron y aumentaron el número de parlamentarios formalmente progresistas, aunque sea mínimamente (de 26 a 27). Sin embargo, va a continuar teniendo previsiblemente un gobierno de derechas. En este contexto de debacle socialista a nivel estatal, en cualquier otro punto al sur del Ebro el PSOE pactaría hasta con Jack el Destripador por poder presidir una comunidad autónoma. Aquí no. Si el miedo escénico les impidió retratarse hace cuatro años con Nafarroa Bai, las posibilidades de que lo hagan ahora dependiendo de los votos de Bildu son remotas. Me alegraré si me equivoco, pero me temo que tenemos Barcina para rato.
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