hay libros que los lees y no sales indemne de la prueba. Te conmocionan, te cambian. A mí me sucedió en los primeros 80 con un poemario -Izuen gordelekuen barrena-y un libro de narraciones -Narrazioak- de un desconocido creador vizcaíno, un tal Sarrionandia. Nunca había visto escribir cosas parecidas en mi lengua. Supe al poco que el joven autor de esas obras para mí impactantes se encontraba en la cárcel por pertenecer a ETA. Resultaba increíble. Nada en lo que había leído podía hacer sospechar una militancia semejante, ni siquiera una afinidad ideológica. Su sonada fuga de Martutene en julio de 1985 hizo una leyenda de este escritor hasta entonces exquisito y minoritario. A ello contribuyó no poco la canción Sarri-sarri que le dedicó ese año el grupo Kortatu. Desde entonces se encuentra en paradero desconocido, lo que no le ha impedido seguir publicando. Muchos de esos libros siguen contándose entre lo mejor y más reconocido de la literatura en euskara. Novela, poesía, narraciones cortas, letras de canciones -inmensas, las que canta Ordorika-, literatura infantil? ha cultivado prácticamente todos los géneros, aunque ha sido el ensayo Moroak gara behelaino artean? el que le ha valido el Premio Euskadi de ensayo. Alabo el valor del jurado, que seguramente habría previsto las reacciones de la prensa madrileña y del propio Gobierno Vasco. La obra en cuestión merece sobradamente el galardón. A muchas de las personas que en estos momentos se están rasgando las vestiduras se les rompería más de un esquema de llegar a leer algunas de las reflexiones que el autor vierte en este libro. Víctima de su propia leyenda, es probable que si Joseba Sarrionandia no se hubiese metido en el bafle de Imanol hace tiempo que estaría paseando tranquilamente por Bilbao o por su Iurreta natal. Todavía no va a ocurrir, pero sería una magnífica señal verle recoger su premio de manos de Patxi López. Quizás el año que viene.