¿Qué cojones aporta al caso Urdangarín el que se librara de la mili alegando sordera o que dejara plantada a su antigua novia? Pronto conatarán que el duque imputado sacó Historia de sexto a base de chuletas o que le miraba las bragas a la seño de Francés, y no faltarán memos y memas que exclamen ¡qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte! Mi generación estaba dispuesta a cortarse la mano para no tener que cumplir con la patria, así que parece hasta un gesto de normalidad que el chaval se lo montara como mejor supiese para hacerle un corte de mangas al servicio militar. Y lo de la novia, apenas conozco a nadie que haya acabado uniendo su vida con el primer amor del instituto. Es bastante probable que el yerno de Su Majestad sea un sinvergüenza, pero algunas de las cosas que se están diciendo estos días sobre su persona retratan a un país de porteras en el que el chismorreo ha sustituido al debate social. El tono y la intensidad con que la mayoría de los medios de comunicación -incluidos los de la más rancia derecha- están tratando este caso, dan pie a la sospecha. Alguien ha decidido soltar lastre y abandonar al yerno a su suerte, con la esperanza de que, cuándo más le den a él, más indemnes saldrán la hija y ese ser constitucionalmente irresponsable que es el padre. La jauría devora al ex marido ideal mientras los ladridos tapan que sus desmanes se han producido en comunidades autónomas gobernadas por el PP. A mí mucho más alarmante que la sordera militar de Urdangarín me parece que el presidente de una entidad le pagara sin pestañear 700.000 euros por un informe de 10 folios de valor cero. Por ser vos quién sois. Estos días veo muy pocas plumas preocupadas por uno de los hechos más sórdidos que refleja este escándalo: el servilismo, el pelotismo y el lameculismo que lo más granado de la sociedad española muestra hacia la familia Borbón. Sin ese fenómeno, Urdangarín no hubiera pagado ni el primer plazo de su "pisito" de Pedralves.