el esperado partido de fútbol de anoche, telonero del auténtico derbi en el Reyno de Navarra: constitucionalistas españoles contra nacionalistas vascos. Un combinado de políticos-jugadores procedentes de UPN, PSN y PPN (refuerzo ocasional) frente al integrado por miembros de Bildu y NaBai. La constitucionalista, una plantilla ideológicamente desequilibrada. La nacionalista, vulnerable por desconfianzas entre líneas. Hasta los nombres de los equipos asociados son provisionales. Su plantel proviene de canteras diferentes, e incluso rivales. Unos sospechan de otros que no sienten con la misma sinceridad e intensidad los colores de la soberanía y la independencia. Si Navarra aparece en la pizarra, la estrategia de juego se resquebraja. El combinado constitucionalista cuenta con Yolanda Barcina como presidenta-entrenadora-capitana. Oriunda de Castilla, quiso poner al equipo el nombre de 1512 -resonancias de conquista y anexión-, pero NaBai no aceptó la necesaria equivalencia rival de Amaiur. Barcina es el cerebro del grupo. Tiene la ficha más alta y le gusta el estímulo de las primas. Roberto Jiménez, fallón y sin visión de la jugada (un fichaje forzado en su día por las circunstancias), intenta que las tácticas no abusen de la banda derecha. Lo manifiesta con gestos de disconformidad visibles desde la grada. Un hierático Alberto Catalán fija la línea de defensa doctrinal. Juan José Lizarbe amaga con algunas subidas por banda izquierda, pero sin profundizar. En la medular, Eradio Ezpeleta -poco brillante, pero siempre bien colocado-, la pinturera Victoria Arraiza -con tendencia a moverse en posiciones cómodas- y Ana Beltrán, que, tras la marcha de Cervera a Madrid, ha entrado para quedarse. Sayas, aún bisoño, blandito en sus coberturas a Barcina. Prudencio Induráin abusa del regate de la bicicleta. A Eloy Villanueva (presume como nadie del escudo constitucional) le gusta presionar para llegar a posiciones más avanzadas, pero anda sobrado de peso. Maribel García Malo, en punta, comete demasiadas faltas por cargas al portero. Antes de cada partido, el conjunto constitucionalista reza un Padrenuestro en el vestuario y recibe la bendición de su capellán Román Felones. Otro histórico, Patxi Zabaleta, ejerce de psicólogo en el combinado nacionalista vasco. Sus cambios de teorías desorientan al colectivo. El entrenador, el veterano Koldo Amezketa, procede de la escuela conservadora pero ahora aplica tácticas de ataque directo. No obstante, ha de contener a Maiorga Ramírez y Txentxo Jiménez. Maiorga, todo rasmia y entrega, gritón e histriónico, se alborota demasiado y pierde eficacia. Txento es de subir mucho y baja a destiempo. Bakartxo Ruiz impone criterio, seriedad y disciplina. El resultado, en 2015. Como tarde.
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