Brindis al sol del vicepresidente Jiménez: el PSN podría recurrir al Tribunal Constitucional los recortes aprobados por el Gobierno del PP que vulneren el marco competencial navarro. Mientras distrae con la elevación de la montera, los aplica. Decir una cosa y hacer la contraria ya se conoce como suerte rajoyesca. Trasteo de Barcina ante el congreso del PPN para evitar que una mujer emergente (Ana Beltrán) se le homologara como presidenta de un partido. Nunca permitirá la promoción de mujer que pueda hacerle sombra política. En coincidencia temporal con estos gestos toreros, PPN, UPN y PSN ejecutaron un derechazo para poner en suerte una moción parlamentaria de apoyo a la declaración de los toros como Bien de Interés Cultural. Esta fiesta "tiene en Navarra peso cultural, histórico, popular y económico" y es "parte esencial" de los Sanfermines, a los que da "imagen universal". Definición académica de cultura popular: "conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo". El navarro, ciertamente, gusta de poner cebo a los peces, disparar a los animales y correr a los toros camino del desolladero. Tauromaquia, caza y pesca tienen aquí miles de practicantes. Las tradiciones también son susceptibles de evolución, de modo que refleje crecimiento intelectual y moral en el respeto a otras especies. Al menos para conciliar la servidumbre a costumbres atávicas (el peso de prácticas seculares) con pensamientos y comportamientos más desarrollados. La repercusión mundial de las Fiestas de San Fermín se debe a Hemingway, al encierro y a su cobertura televisiva. ¿Es para presumir que una ciudad conservadora y aburrida como Pamplona (grotescamente desinhibida durante nueve días de julio) sea identificada con la huida despavorida de seis toros que se abren paso por la calle entre un gentío o que, rota la manada, demuestran defensiva y mortífera agresividad? Podría aceptarse si fuera la expresión primitiva y salvaje de un conjunto de actividades internacionalmente descollantes. Pero no, el encierro es nuestra inconfundible seña de identidad. Esta realidad no obliga a subirse el carro pepero de considerar las corridas de toros como un Bien de Interés Cultural. No mientras el arte que encierran requiera de la ayuda de métodos traumáticos y sangrientos con resultado final de muerte, a veces obscena. El debate parlamentario resultó rutinario y de extrema pobreza. Quizá porque todas las siglas políticas se calzan encantadas la chistera para presidir una corrida sanferminera. El portavoz de UPN, Sergio Sayas, destacó por su ruindad: contrastó la preocupación abertzale por el maltrato animal con su inhibición ante los asesinatos de ETA. Que lo devuelvan a corrales y le quiten el embolado de la obsesión.