la degradación, dueña de los Sanfermines. El Ayuntamiento y los pamploneses lo asumen como una fatalidad inherente al carácter callejero y popular de las fiestas: Pamplona, ciudad marrana. A más kilos de basura, más decibelios de alegría. Lo sucio, lo grotesco, lo faltón, signos de inmersión en la juerga. El caos, expresión democrática de libertad. Quien se moleste, un rancio, un soso. Quien se enfade, un inadaptado. Pamplona ha renunciado al control de sus fiestas: alegres con respeto, ingeniosas con ironía y chispa, espontáneas con sensatez, fraternales en la coexistencia, generosas en la integración. El patoso era la incómoda excepción. Ahora se impone la dictadura de los guarros, la anarquía de las freidurías callejeras, la rapiña de los carteristas y el desorden invasivo de los manteros y sus mafias. La ingesta alcohólica fluye en orines callejeros, las malas digestiones vomitan sus viscosidades sobre las aceras, el botellón tira al suelo sus recipientes, el consumo hostelero se esparce por los rincones, el eructo se emite como un irrintzi, la mancha consciente al próximo es una muestra de gracia festera. Pamplona, ciudad gris durante el año, se transforma en un caleidoscopio de colores: el verde agostado de los jardines, el rojo del vino derramado, el negro del calimocho desparramado, el blanco de la harina esparcida, el amarillo de la mostaza arrojada, el grisáceo viscoso del suelo, el marrón del insulto, el negro de la agresión política, laboral o machista. Para el Ayuntamiento, sistemáticamente, "normalidad con algunas nubecillas". Para la Federación de Peñas, balance "positivo" con matices. Quizá no se quiera ver, porque la autocrítica repele, pero las nubecillas son nubarrones y los matices, graves. Afear las murallas con alambradas, desmontar la fuente de la Navarrería, multiplicar las pantallas callejeras del chupinazo, instalar papeleras, contenedores y urinarios, cambiar el modelo de almohadillas, intensificar la limpieza, esmerar el control del encierro han sido acciones disuasorias de lenta y todavía precaria eficacia. Queda mucho por hacer para recuperar la autenticidad de la marca Sanfermines. El visitante actúa por imitación: donde fueres, haz lo que vieres. No podemos reprender al forastero educado en malos hábitos, exhibidos y promocionados sin reprobación oficial. Tres meses después del Pobre de mí, el Ayuntamiento llama a la Mesa. La armonía entre instituciones y agentes sociales, imprescindible para mantener esencias e implementar innovaciones. La autoridad se legitima con el diálogo. La disidencia se dignifica con el consenso. Curioso y significativo que el balance final ponga énfasis en la economía hostelera, en las asistencias sanitarias y en los aforos. Los números sobre la calidad.
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