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Sombra aquí, sombra allá

Mientras se discutía en Madrid la privatización de seis hospitales y veintisiete ambulatorios, dos parlamentarios del PP jugaban en sus escaños al onanismo tecnológico, al popular Apalabrados, supongo que con aparatejos pagados por el contribuyente. Los dos, mujer y hombre, no han tardado en disculparse, han prometido que no volverá a ocurrir y han coincidido en señalar que no hay excusa que blanquee su comportamiento. Y los dos, hombre y mujer, han presentado su dimisión y se han ido a casa para siempre. Esto último es la inocentada, colegas. Pues la vida dará tumbos, se pondrán de moda Orzowei, la Masa, los Ñu y el blandiblú, Rosa Díez creará otro partido y ambos seguirán en la pomada. No nos chupamos el frigodedo.

Sin haber sido cazado, ni siquiera a modo de lastimosa confesión, contó un día Antonio Basagoiti que en los plenos del Ayuntamiento de Bilbao intercambiaba con Julia Madrazo mensajitos "sobre quién ha salido de Gran Hermano o qué ha hecho la Pantoja, y nos reíamos mucho". Un descojono, sí. Al parecer era lo normal, nadie protestó. Así que de nuevo se llevan los sugus, Tino Casal y el bigote, Rosa Díez aún nos riñe y los dos sálvame de luxe, a izquierda y a derecha, continúan en sus puestos, quizás glosando lo de Melendi en Gandía. Los ejemplos son cientos, me temo que en todas las tribus e instituciones. Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate, un espejo de cristal, y mírate, y mírate...

Cuidado con desprestigiar a la clase política, eso nos lleva al fascismo, oigo por ahí. O nos empuja, o nos arrastra. Yo pienso que ese gremio, como el de los columnistas, policías, banqueros, obispos, tertuliatas o seguratas, se ha desprestigiado solo. Y denunciarlo no es abrir la puerta a Mussolini sino cerrársela al Dioni Berlusconi. Es obvio que no todo político es un jeta y algunos, en especial en los pueblos, merecen un homenaje. Tan obvio como que perro no come perro, y hoy por ti, y mañana por mí. No sé si me explico.