El devenir de los tiempos, esta especie de era extraña que nos toca vivir en la que el acceso a la información hace creer a nosotros los iletrados que sabemos algo porque lo leamos en dos libros o en tres entradas de la Wikipedia o lo preguntemos a Chat GPT, se ejemplifica a la perfección en la entrevista que esta semana dio el futbolista Marcos Llorente a Pablo Motos.

En la misma, Llorente aseguraba que la crema solar no protege de los distintos cánceres de piel y que lo diga la Asociación de Dermatólogos de España a él como que no le renta, que dice ahora la chavalería. Da igual que a través de redes sociales y en distintos medios se le haya rebatido vía médicos, especialistas y científicos acerca de un tipo de cáncer que mata a decenas de miles de personas al año. Él dice que “lo siento así” y así lo transmite en su entrevista. A mí esto me parece muy bien.

Que Marcos Llorente sea así, digo, él sabrá qué hacer con su vida. Es una situación incontrolable y no puedes dominar que haya gente de este calibre e incluso peores, que niegan la protección que ofrece un producto porque ellos toman el sol poco a poco y a las horas adecuadas –los multimillonarios como él con pocas horas de curro pueden tomar el sol o que les dé el sol cuando les place–.

El problema está en quien da voz a un tío que sabe de jugar al fútbol para que hable de ciencia. Por mucho que el tipo, como tenemos todos, tenga su opinión sobre ese aspecto u otros cientos. No es de recibo que como te has convertido en una especie de hechicero con tus opiniones te inviten a los programas precisamente para que opines de aquello de lo que tienes una idea muy somera y de simple aficionado. No todas las opiniones son respetables, hay opiniones que son una mierda y que pueden poner en peligro a personas que no sean capaces de discernir correctamente. Mostrarlas en prime time es vergonzoso.