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El vino y la poesía

Trece segundos después de las campanadas vino al mundo en Tarragona el primer bebé de 2013. Se llama Gerard. Démosle ánimo y borremos la pintada de Sarajevo: Wellcome to the hell. Pesó 3,7 kilos, midió 54 centímetros, y si opinar es libre espero que se parezca más a la madre que al padre. Éste ha aclarado a los medios que su vástago ha nacido en España, que por mucho referéndum que se haga será un niño español y que Catalunya no es nadie para "sacar tajada por su cuenta". El detalle ha satisfecho a la prensa imperial, que ha llevado el notición a la portada. Pues muy bien. Los críos ya no vienen de París ni traen un pan bajo el brazo. Ahora vienen de Perejil y traen una exclusiva. Una palmadita en el culo y así vemos que está sano: ¡yo soy español, español, español!

Vaya por delante, o por el medio, que cada cual puede desear lo que quiera para su prole. Uno tiene derecho a soñar que el nene será Guti, y tratar de arrastrarlo a ese destino con la compra de una camiseta blanca. A veces funciona: a media España le regalaron un Monopoly y el país entero se entregó al empeño inmobiliario. Pero por fortuna la vida es caprichosa e incontrolable. Así que un día el fallido merengue se levantará con espíritu blaugrana y vocación de gondolero. De igual modo Gerard será lo que a él le plazca o le permitan, aunque Melchor le haya endosado ya una patria.

Y yo me pregunto: ¿Tanto cuesta dejar a los niños fuera de la paranoia gentilicia? ¿No es suficiente haber violentado a una generación, o a varias, con esto de las raíces - y bienes inmuebles-? Casi mejor aislarse en otra galaxia, que es como ando esta navidad al no tener uaxap. Se lo advertía Zena El Khalil a su ciudad de adopción, Beirut: "Mientras tú te diviertes con esos señores de la guerra, yo te robaré el vino y la poesía". Ojalá Gerard haga lo mismo. La bandera, de pañal. Y el himno, de nana. No pilles la enfermedad tan pronto, chaval. Ni el Madelman ni la Nancy llevan pasaporte.