Teoría de Barcina: Caja Navarra "forma parte de la estrategia" de la izquierda abertzale para "crear inestabilidad". Habla de la Can para "hacer tambalear las instituciones". Nuevo penoso recurso a su mantra de cabecera: los vascos terroristas. Inscribe en su entorno a la asociación de consumidores y usuarios Kontuz!, que la ha denunciado por un presunto delito de información privilegiada para aprovechamiento personal. Barcina, abrumada por su debilidad parlamentaria, da muestras de fatiga retórica. Serias. Agudas. La decadencia de Caja Navarra, su desgraciada integración en Banca Cívica y su absorción final por CaixaBank son responsabilidad técnica de su director ("Caja de director, no de presidente", aprieta Barcina a Enrique Goñi) -propuesto por Miguel Sanz- y responsabilidad política de los órganos de la entidad financiera, dominados por UPN y PSN. Es una "responsabilidad colegiada", como dice la presidenta, que le alcanza de lleno. Ese cuadro de gestores, administradores y controladores -del que Barcina ha formado parte esencial- debe exhaustivas, finas y veraces explicaciones a la sociedad navarra. Reclama transparencia, pero UPN se niega a una comisión de investigación parlamentaria. Lo hasta ahora transparentado se debe a lo publicado por este periódico. Barcina adopta el papel de víctima por "imperativo legal", una "víctima" excelentemente indemnizada. Como alcaldesa de Pamplona, presidenta del Gobierno de Navarra y presidenta de UPN, Yolanda Barcina es culpable de la decadente trayectoria y de la opacidad informativa de Caja Navarra. La inestabilidad institucional es imputable a los responsables individuales y colegiados del descalabro, no a las opiniones posteriores emitidas desde cualquier sensibilidad ideológica. Tampoco desde las odiosas para Barcina. Las turbulencias políticas de Barcina afectan a la solidez de la marca UPN. Empiezan a ser un lastre para el partido. Su huida hacia adelante es patética: cuando el regalo de relojes de lujo, el riesgo de escándalo social le impulsó a devolverlo; cuando la revelación de dietas opacas, se sometió a la operación estética de cambiarlas por complementos; cuando nombró asesor personal y luego diputado foral a un antiguo directivo de Caja Navarra a sabiendas del canje de billetes de 500 euros por otros de menor valor, se escudó en que todos los informes eran favorables mientras le animaba a dimitir; cuando se ha publicado su inversión en Navarra Building, lo presenta como un "asunto particular" y niega cualquier "información privilegiada". Seguramente se enteró antes como miembro del orgánico que como clienta. O sea, un privilegio del cargo. Y no es ético que responsables del naufragio de Caja Navarra se apresten a sacar beneficio de los restos. Descarada.
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