Penúltimo peldaño de la escalera. En un mes, cónclave de UPN. Congreso. De momento, en discordia: Barcina y su séquito frente a Catalán-Salanueva, Os Resentidos, y las bases. Alberto Catalán (consejero de Administración Local y de Relaciones Institucionales-Educación, respectivamente, en los dos últimos gobiernos de Sanz -portavoz en ambos) y Amelia Salanueva (consejera de Administración Local-Vivienda-Ordenación del Territorio en el último Ejecutivo foral), quedaron fuera del gabinete Barcina. Catalán, aparcado en la presidencia del Parlamento y en la vicepresidencia de UPN (funciones de suplencia); Salanueva, facturada a Madrid como senadora. Dos políticos con pedigrí regionalista. Yolanda Barcina, sin currículo en la cantera del partido y distante de las agrupaciones locales, acostumbrada al amparo de Miguel Sanz, ha obrado con exceso de autonomía y falta de comunicación: elaboración personal de listas municipales, designación de su sucesor en la alcaldía de Pamplona, pacto electoral con el PP, destitución de Roberto Jiménez como vicepresidente del gobierno de coalición con el PSN. Exigencias e iniciativas particulares, incómodas para UPN. Además, torpezas escandalosas: dietas opacas en Caja Navarra, complementos retributivos, acciones en Navarra Building, responsabilidad política no asumida en el descalabro de Can (está impregnada de aromacan, costosa esencia de perfume creada para fidelizar clientes por el olfato), y error en el nombramiento de Jesús Pejenaute. Barcina: de cartel electoral a líder del partido, frágil procedencia cuando el poder institucional se pone en peligro. Un error de cálculo de su egocentrismo: la marca es UPN, no Barcina. Alli, esencial en CDN; Barkos, en NaBai y GeBai. Ella no. Como candidata al Gobierno, Barcina contrajo el porcentaje de voto de UPN hasta los peores resultados desde su entrada en política. UPN perdió el gobierno en 1995 (tripartito-escisión de Alli-CDN), pero el PSN ocultó información sensible de cuenta bancaria en Suiza y una cabizbaja gestora socialista devolvió el poder a la derecha. Pudo perderlo en 2007, pero Zapatero invalidó el avanzado proceso alternativo y Pepiño Blanco amonestó y ridiculizó en público a sus mentores socialistas. Restaurado el PP y extinguido CDN, las cuentas de gobierno de UPN salen solo con el PSN. Barcina tiró por la borda ese bote de salvamento y la alarma ha saltado en la sala de máquinas. Mientras, el Parlamento foral escenifica un simulacro para la galería ciudadana: el gobierno de la oposición. La realidad pasaría por una moción de censura. Claro que los socialistas la temen más que los regionalistas. Por eso la evitan. Como Barcina trata de evitar la pérdida de poder interno. Muros más altos han caído. Mira la muralla del Labrit.