las dietas son un síntoma. Revelan una actitud enferma: sentido mercantil de la política. Perversa conversión en tarea recaudatoria de la noble dedicación al servicio de la comunidad. La loable vocación de servicio público prostituida por el afán de enriquecimiento privado. La Junta de Entidades Fundadoras de Caja Navarra y su comisión Permanente (2010-2011), escándalo cercano de un extendido comportamiento nauseabundo. En su esencia y por la coyuntura económica. Once políticos: 9 de UPN, 2 del PSN. Con nombres y apellidos: Yolanda Barcina, Miguel Sanz, Álvaro Miranda, Carlos García Adanero, Alberto Catalán, José Iribas, Javier Caballero, Ana Elizalde, Enrique Maya, Roberto Jiménez y Samuel Caro. Para que consten en el acta de la memoria colectiva. En algún lugar debería perpetuarse con una placa a estos destajistas de la dieta. Ganaban en una mañana -y en horario coincidente con otras funciones retribuidas- más que la mayoría de los trabajadores en un mes. Salvedad hecha de banqueros, altos directivos con primas, inversionistas avispados, especuladores con fortuna, delincuentes de guante blanco, futbolistas de élite y "alicatadores" a destajo. Dietas por sesión, sesiones dobles, triples y hasta dietas parciales por inasistencia. Al sentirse despreciados, reacciones diversas y justificaciones insolventes: peticiones de perdón (recurso monárquico cuando se ve la trompa a la desvergüenza), devolución total o parcial de ingresos legales, recurso dialéctico a supuestos trabajos y reuniones para no aflojar la cartera, alusión a la semejanza con otras cajas de ahorro (así les ha ido a muchas por el mangoneo político) y consejos de administración de sociedades privadas y públicas, adscripción por imperativo del cargo con asunción mecánica de los usos retributivos. Declaraciones contradictorias, comportamientos vacilantes, decisiones por mimetismo. Algunos de los actores de esta comedia de la usura han escrito cartas públicas en las que denotan perplejidad y sensación de injusticia. El delirio. Cuando una persona pública honesta y sensata llega a un puesto de esas características y se encuentra con unas dietas de ese calibre y con una concatenación de reuniones que las multiplica, procede que muestre su asombro, ¡e incluso su indignación!, que impela de inmediato a modificar ese régimen de abuso y que, de no hacerse, cause baja y lo denuncie. Barcina presume de haber suprimido los órganos del escándalo (asesores de su confianza preparan ahora la nueva regulación de la cajica resultante y su obra social). ¿A qué esperan los otros diez dietistas, a los que ha sacado del inmoral atolladero, para agradecérselo, levantarla en andas y sacarla en procesión? Hoy mismo, domingo de Ramos. El pueblo acudiría. Con ramas de espino.
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