Costado gubernamental del Parlamento: "No hay quien pueda / no hay quien pueda / con la gente upenera". Costado de la plural oposición: "No hay quien pueda / no hay quien pueda / no hay quien pueda ¡¡¡por ahora!!!". Una parte del hemiciclo se engalla y, al recoger y rematar la copla, la otra le grita su presión. Cuando el coro parlamentario foral canta esta popular letrilla, empieza el intercambio de miradas. Con ansiedad indisimulada. Hay nervios. La farmacia de la Cámara va a tener que dispensar ansiolíticos. Barcina mira por encima del hombro al PSN para otear el horizonte de Ferraz, donde reside la capacidad de decisión. Roberto Jiménez se sabe el centro de todas las miradas de una coalición alternativa, pero evita cruzar la suya con Bildu. Desea un tripartito PSN-GeBai-IE, promocionado incluso mediante ingeniería demoscópica, que sin Bildu no saldría. Quiere hacer lo que los socialistas vascos han hecho en la CAV y que Barcina le desafía a trasladar a Navarra: entenderse con el PNV (aquí, por cierto, en Geroa Bai). Uxue Barkos, sacerdotisa del pragmatismo, pide a PSN y Bildu que "aparquen sus diferencias", como si entre socialistas navarros y abertzales radicales hubiera más coincidencias que el propósito de desalojo de UPN. Sería bastante por higiene y catarsis política -no es saludable un cuarto de siglo monocolor- pero ¿sería suficiente? PSN y Bildu no se parecen en el modelo de socialismo ni comparten el modelo de Estado. Para nada. Esa solución daría problemas. Habría más armonía en un entendimiento Bildu-GeBai-IE -a pesar de la perenne tendencia a fagocitar de los sucesores de Batasuna-, que requiriese apoyo externo del PSN. La prueba del algodón. No tardarían en volver a echarse en brazos de UPN. Ese desafiante "por ahora" es, a la vez, una referencia temporal cercana y lejana: cercana si el PSN presentara o apoyara una moción de censura, herramienta desestimada; lejana si llegamos en estas lamentables condiciones a 2015, año electoral. Las hipótesis de futuro en Navarra tienen también de los nervios a UGT y CCOO -cómodos con el marco actual de relaciones institucionales- y al presidente de los empresarios, que ha expresado de forma elocuente su temor a un "gobierno anexionista". Pifiada por el PSN la gran oportunidad del tripartito de 1995 (momento estratégico porque la escisión de Alli abortó el éxito de la aún reciente fusión UPN-PP), la otra gran ocasión se perdió en 2007, con EA y Aralar en NaBai, ilusión de tantos progresistas y vasquistas. El PSN tacha ahora de "ilegítima" la presidencia de Barcina, pero no se la retira mediante moción de censura que le quite los votos aportados. La mayoría parlamentaria pide elecciones anticipadas. La competencia es de la presidenta. Resistir le fortalece.
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