El Parlamento de Navarra es un "gran obstáculo" para el Gobierno de Barcina. Así lo siente Lourdes Goicoechea, vicepresidenta 1ª y consejera de Economía, Hacienda, Industria y Empleo -transeúnte en política durante una legislatura, dice-, policargo que ocupa desde la destitución de Roberto Jiménez (PSN) y la consiguiente remodelación del Ejecutivo. Como reacción dialéctica, un inquietante brote antidemocrático: partidaria de una "reforma institucional" (recorte de funciones políticas al Parlamento). Tremendo. Como para irse por donde ha venido y con derecho a cesantía. Aunque esté curtida en el trabajo y asesoramiento económico, fiscal y financiero en la empresa privada -donde los dueños del negocio imponen su voluntad-, la neófita debería saber que la soberanía popular -bella retórica- reside en el Parlamento, del que emana el Gobierno. El Parlamento es cámara de representación, legislativa y de control al poder ejecutivo. Es el juego democrático, susceptible de prácticas malsanas: un gobierno en minoría puede encontrar el obstáculo del Parlamento como un gobierno con mayoría absoluta puede obstaculizar las iniciativas o pretensiones de otros grupos parlamentarios e, incluso, de la Iniciativa Legislativa Popular. El riesgo de excesos es alto, pero el sistema está montado así. La Ley Electoral y el Reglamento del Parlamento requieren de cambios substantivos, que los propios partidos políticos demoran de forma sistemática. Sin tenerla nunca, UPN ha vivido de hecho en la mayoría absoluta. La herencia de la consejera Goicoechea procede de los más de veinte años de cómodo gobierno de UPN, favorecido por la fusión con el PP, la desesperada conversión de CDN (menguante hasta la extinción) y la complacencia y complicidad del PSN. Esos polvos de ostentación y peajes en la sombra y el lodo de la crisis económica han montado el barrizal que limita nuestros movimientos. Eso en los números. En las actitudes que determinan el comportamiento parlamentario, la decisión de Barcina de fulminar a viceJiménez enloqueció la veleta socialista, que a veces señala y apoya al Gobierno y otras revolotea sobre una posible alternativa. La ideología y la praxis vigente en el PSN le acerca más a una derecha centrada, moderada, que a un socialismo radical y a un nacionalismo vasco auténtico, al nada impostado en sus exigencias. Lo decía en este periódico con provocadora descripción Carlos García Adanero, bregado portavoz parlamentario de UPN: "El discurso del PSN va por un lado y la realidad, por otro". El "gran obstáculo" no es insalvable. La presidenta damnificada disuelve el Parlamento y convoca elecciones anticipadas. Atacar al Parlamento y pretender recortarle atribuciones es, como diría el trepador Sayas, una actitud "vil y cobarde".
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