Odio
Entre el balbuceo alcohólico del hijo del primer edil y la gracieta de los niñatos opusianos en el Vergel, el nexo de unión es la xenofobia y el antivasquismo. Dos lugares, dos situaciones para expresar lo mismo: odio al diferente. Odio al extranjero. Odio a tu vecino (e incluso, odio a ti mismo, no siempre inconsciente). Dos caras de la misma moneda, marcas de identidad cada vez más perceptibles en esa derecha navarra, día a día más fronteriza con un fascismo de corbata y verborrea pseudodemocrática. Aunque solo lo expresen cuando beben, que es cuando dicen que se dicen las verdades. O cuando creen que juegan en casa. Si tuviéramos la misma vara de medir que utilizan otros estaríamos preguntándonos en qué colegio ha estudiado el vástago de Enrique Maya y quiénes han sido sus profesores. Pero es bastante más probable que las ideas xenófobas y antivascas del chaval vinieran de fábrica. No está tan claro en el caso de los teatrerillos que vertieron su tralla ideológica en una representación de Navidad para ancianos residentes. Por bastante menos que eso, centros escolares de esta comunidad han sido crucificados en los medios de la ultraderecha. Un colegio que bendice ideas de este tipo debería hacérselo mirar. Y el departamento de Educación, preocuparse por ello. Pero Iribas y su gente está a otras cosas. Va a ser difícil ver preocupado a este Gobierno y al partido que lo sustenta por el hecho de que en centros escolares de esta comunidad puedan estarse propagando ideas racistas y sectarias, cuando son ellos mismos sus principales instigadores. UPN parece que no encuentra otro medio para aferrarse al poder que el miedo y el odio a una buena parte de los habitantes de esta comunidad a la que dice defender. Algún día esta formación política acabará siendo devorada por el monstruo que ella misma está ayudando a crear.