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Arrasar un oasis

Hoy hace una semana recibí puntualmente en mi correo electrónico el boletín de noticias del Instituto Navarro de Artes Audiovisuales y la Cinematografía (INAAC). Entre otras cosas, se me informaba de una nueva etapa en el ciclo Punto de Vista y de la programación de febrero de la Filmoteca de Navarra.

Otras veces lo hace sobre películas rodadas en esta comunidad, obras de realizadores navarros, ayudas a la cinematografía o asesoramiento para cineastas noveles. En mi caso, lo hace además en euskara. Un pequeño oasis de respeto en ese desierto que, para la lengua vasca, constituye la información que por vía electrónica ofrecen de sí mismos la mayoría de los departamentos y unidades de la Administración Foral.

También en ese aspecto, una excepción. La cultura no se ha quedado al margen del horror de los más de 20 años de UPN al frente del Gobierno de Navarra. Del buen nombre que en los 70 y 80 se ganó una institución como Príncipe de Viana no queda ni el recuerdo. La visión timorata, meapilas y aldeana que este partido tiene de la sociedad ha sido literalmente trasladada al hecho cultural, con frecuencia en su versión más sectaria, pesebrera y cavernícola. Los recortes presupuestarios han acabado por dar la puntilla al departamento que, no es casualidad, maldirige en la actualidad el portavoz gubernamental Sánchez de Muniáin.

De la carnicería que han supuesto estas dos décadas para la cultura viva de esta comunidad venía salvándose el mundo de la cinematografía. Al contrario de lo que ha ocurrido con la literatura, el teatro, la música o las artes plásticas, el INAAC ha realizado una callada pero eficaz labor de apoyo tanto a la creación como a la difusión, reconocida por cinéfilos y agentes del sector. Demasiado bonito para que durara. El Gobierno de Navarra ha decidido acabar con esta ejemplar excepción suprimiendo el Instituto. Ahora solo falta que Barcina diga que también ahí se habían infiltrado.