Desde los 23
Arkaitz Bellón, cuando apareció muerto el otro día en una celdade la prisión de Puerto de Santamaría (Cádiz), llevaba preso13 años. Iba a ser liberado el próximo mayo después de habercumplido íntegra su condena. Si lo que dice su sentencia es cierto,no parece que Arkaitz Bellón hubiera sido ningún angelito. Habíasido encontrado culpable de la quema de dos autobuses urbanosy de haber agredido a uno de sus chóferes durante la Semana Grandedonostiarra del año 2000. Pero Arkaitz Bellón no había matadoa nadie. Ni tan siquiera era miembro de ETA. Sin embargo, habíapasado ya en la cárcel mucho más tiempo del que es habitual enel Estado para la mayoría de los homicidas y violadores, y nodigamos para los acusados de corrupción o los encausados porrobar y estafar a miles de personas. Arkaitz Bellón tenía 36años y estaba en la cárcel desde los 23. No llegó a hacer ningunade las cosas que se supone deben hacer en ese tiempo los chicosde su edad. Arkaitz Bellón, sin crímenes de sangre en su haber,se encontraba cumpliendo condena en el punto más alejado de lapenínsula de su Elorrio natal. Más lejos, sólo estaban las Canarias.Arkaitz Bellón no debía haber muerto en una celda, solo, a másde 1000 kilómetros de los suyos. Arkaitz Bellón no debía haberestado 13 años preso. En su muerte ?en esa muerte triste y estúpida?tienen responsabilidad los políticos que diseñaron y mantienenuna legislación cruel y desproporcionada y una política penitenciariainhumana, sin olvidarnos de los jueces que la aplican. Pero tambiéntienen su gran parte de culpa todos aquellos que, por accióny omisión, contribuyeron a que Arkaitz Bellón, un chaval contoda la vida por delante, se liara a quemar autobuses un díade fiesta en el bulevar de San Sebastián, mandando así su existencialiteralmente a la mierda.