Respaldar sin tener respaldo. Eso hace Barcina. La presidenta -diseñadora de un Gobierno compuesto por leales de cabecera y acólitos serviles- respaldó a Jesús Pejenaute (Políticas Sociales) hasta que presentó la dimisión irrevocable (blanqueo de capitales como subdirector de Can), y respalda a Marta Vera (Salud) y Lourdes Goicoechea (vicepresidenta 1ª, consejera de Economía, Hacienda, Industria y Empleo). En el caso del departamento de Salud, apoya una contestada y vacilante línea de gestión con el ahorro como única receta. En el caso de Hacienda, ordenó el aplazamiento en la devolución del IVA -vulneración de plazos legales y decisión lesiva para contribuyentes-, al objeto de maquillar el grado de incumplimiento del déficit público; e indujo a la indagación de datos confidenciales con motivo del escándalo de las dietas de Can. Lo de Vera puede ser torpeza; lo de Goicoechea es injerencia propia e inducida. Los modos, en ambos casos, nada exquisitos. Fondo deplorable, formas lamentables. Es la asunción del manual de estilo de Yolanda Barcina, autoritaria, insolente y refractaria a la autocrítica. La corrupción y los chanchullos parecen haberse empadronado en Navarra desde la primera Legislatura. Barcina da aquello de lo que carece: respaldo. El Gobierno de UPN está solo y a merced del Parlamento, institución que dicen depositaria de la soberanía popular. Barcina compró la voluntad del PSN con el señuelo de un Gobierno de coalición y careció de honestidad y coraje político para someterse a la confianza parlamentaria cuando destituyó al líder socialista y dimitieron sus afines. Se apropió de unos votos prestados y decidió gobernar en solitario. Ni gobierna ni administra; aguanta. De la añoranza de la lista más votada como acceso a la formación de Gobierno, Barcina ha pasado a la defensa de la doble vuelta electoral. Para rentabilizar una hegemonía ya alicorta. Ahora todo es desgaste. Cuanto más prolongado, peor. Allá UPN.