UPN gobierna Navarra de forma casi ininterrumpida desde 1991, año de su fusión con el PP. Atraviesa ahora por su quinto peor momento en este largo periodo, cercano al cuarto de siglo. Aquel año, un único escaño (20-19) separaba a UPN del PSN. Los socialistas podían alcanzar la mayoría absoluta con el apoyo de HB. Sin otra suma posible. Lo pretendieron, pero la coalición no quiso dárselo. Funcionó entonces el mecanismo de la lista más votada como sistema para el acceso a la formación de gobierno, ahora ya extinguido. Gracias a la actitud de HB, UPN se aprovechó del procedimiento reglado. Como el PSN se aprovecharía en breve si Bildu apoyara su todavía hipotética moción de censura. En 1995, la escisión del regionalista Juan Cruz Alli, fundador de Convergencia de Demócratas de Navarra, permitió el fugaz ensayo de un ejecutivo tripartito (PSN-CDN-EA), con el apoyo parlamentario de IU. En CDN (10 parlamentarios) convergieron votos de UPN (perdió 3) y del PSN (espectacular caída de 8 escaños). Lo efímero de la novedosa gobernanza se debió a una cuenta suiza a nombre de Javier Otano, presidente. Su filtración dinamitó un gobierno que había osado diseñar un "órgano común permanente" con la CAV. La gestora del PSN entregó el poder a UPN, como las mismas siglas harían también en 2007 (apoyo parlamentario) y 2011 (gobierno de coalición). El apuro de UPN le llevó a sacrificar el pacto con el PP y la colaboración con CDN, que se disolvió. En veinte años, UPN ha recibido una indirecta manita batasuna y tres salvavidas socialistas. UPN flotó, el PSN se hundió. Estamos ante el quinto sobresalto: las elecciones forales podrían adelantarse. Con adverso tempero: profundo malestar social, despechado cabreo socialista y efervescencia nacionalista vasca, con el mayor porcentaje de voto (29%) y el mayor número de escaños (15) de las ocho Legislaturas. Y con tendencia al alza. Barcina se lo ha buscado. A pulso. Por talante y por falta de talento.
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