El gulag que viene
El pasado viernes despedimos a Juli en el trabajo. Hubo vino, queso y jamón. Ella trajo champán y rosquillas. Hablamos de su nuevo puesto, en Huarte, y de las ventajas que iba a suponerle desplazarse allí desde su casa de Orikain. Estábamos unas 25 personas, gente de todo pelaje, relajadas y contentas de haber llegado al fin de semana. Nadie mencionó para nada el gulag que anunció Carlos Salvador (UPN) el otro día en el Congreso. El sábado fui al Mercado del Ensanche. Para ser primero de mes había poco movimiento. Estuve donde los pollos, la pescadería, la frutería y la quesería, sin olvidarme del pan y las aceitunas. Escuché todo tipo de conversaciones. Incluso tomé parte en alguna. Vendedores y clientes se quejaban del frío y la lluvia. Otros, de la crisis, que no acaba. Con el carnicero crucé algunas frases sobre Barcina, Goicoechea y el PSN. Nadie, mostraba preocupación alguna por el gulag que, de hacer caso a Carlos Salvador (UPN), parece que viene. El domingo estuvimos en el cine. Casi había empujones en la taquilla, la cola de las palomitas y hasta la misma sala. El mal tiempo inhibe el comercio pero estimula el consumo cinematográfico. A la salida, la gente comentaba la película, que al parecer no había colmado las expectativas de muchos. Otros seguían hablando de las inclemencias metereológicas. Una pareja se besaba. Todo el mundo parecía ajeno al gulag que se nos avecina según Carlos Salvador (UPN). Ayer por la mañana fui a tomar café donde Virilo. Una clientela masculina al 100% departía en voz bastante alta sobre fútbol y política. "Navarra será lo que Rubalcaba quiera", dijo, entre risas, uno de los más entendidos. Otros departían sobre la calidad del vino y la tortilla. Y casi todos, del tiempo infernal. A todos sin excepción se las traía floja el gulag que Carlos Salvador (UPN) asegura que viene.