Ni el aliento
No hace ni dos semanas que todos los altavoces oficiales nos asaltaron con la noticia de la bajada del desempleo. A Rajoy, Montoro, Fátima Báñez y compañía les faltó poco para brindar con champán ante las cámaras. "Cambio de tendencia", sonreían. "2014 será el año de la recuperación", nos aseguraban. Sólo les faltó bailarnos el Happy de Pharrell Williams y colocar el vídeo en Youtube. En poco tiempo volveríamos a ser felices y comer perdices. Total, para nada. Va el CIS y nos dice ayer que no sólo el paro sigue siendo, con mucha diferencia, el primer motivo de preocupación de los habitantes de este Estado, sino que el porcentaje de preocupados no hace más que aumentar. Llevan desde principios de año intentando por todos los medios transmitir optimismo a la ciudadanía, y esta no se lo cree. No es para menos. Seguramente será cierto que están aumentando las exportaciones. La subida de la Bolsa es un hecho innegable. Y es probable que el PIB esté remontando. Quizás hasta sea verdad que el número de parados haya disminuido. Pero los bolsillos de la mayoría siguen sin percibir la menor mejoría y cuando oyes hablar de nuevos empleos es normalmente para referirse a salarios misérrimos y a jornadas y disponibilidades de escándalo. Decían que esta crisis iba a cambiarlo todo. En algunas cosas está siendo verdad. La gente ya no traga tan fácilmente con lo que se le dice desde arriba. La desconfianza e incredulidad hacia los discursos oficiales puede que sea incluso superior a la de los últimos años del franquismo. Los que mandan pueden cantar milongas, que no van a conseguir que se les crea ni el aliento. La mala noticia es que el escepticismo ciudadano se hace extensible también a la oposición en su conjunto. Y eso es una buena noticia para los Gobiernos.