A vueltas con la aritmética, cuando lo importante es la filosofía. La esperanza de cambio de ciclo político en Navarra descansa en la aritmética, sin reparar que la solidez del mismo habría de radicar en la coherencia programática. Consecuencias de la ansiedad. Demasiados años de arrogante desfachatez de la derecha foral y española (del sanzismo al barcinato) y de cainismo socialista. La obsesión por el 26 en la ruleta del poder. Todos los cálculos buscan combinaciones que sumen 26, la mayoría parlamentaria necesaria para formar Gobierno estable. Desde la extinción del procedimiento de lista más votada, el PSN ha sido sumando clave. Una vez (1995-efímero tripartito plural) sumó con trampa (con una cuenta suiza en la bocamanga clandestina). Las demás, amagó con colocarse en una columna para, en última instancia, pasarse a la contraria. La derecha carece de escrúpulos al aglutinar sensibilidades. Siempre ha primado las rentas. La fusión acordada en Navarra se forjó (1991) y se rompió (2008) por estrategia de acceso al poder de su agente mayoritario, UPN. La izquierda, más honesta y menos pragmática, se multiplica en matices escondidos en coaliciones. El cambio a lo mismo vendría dado por UPN, PP y PSN. Una costumbre foral. Comparten modelo constitucional y sus praxis políticas económicas se solapan parcialmente por invasión socialista del costado conservador más moderado. El cambio templado sumaría a socialistas con Geroa Bai e Izquierda-Ezkerra. Es la fórmula que dirigentes del PSN anuncian como deseable, en su pregonada exclusión de EH-Bildu y en su retoque facial de progresismo. En GeBai cohabitan el PNV (derecha nacionalista y sin prisas en la construcción nacional) e independientes. Una convivencia con roces. Hiriente y humillante que GeBai aún se deje pretender por el PSN tras la reiteración de desplantes. El cambio radical vendría determinado por la adición de Bildu, GeBai e I-E. El gallo, el corral y la mascota.
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