El listón
ignacio Polo "ha dejado el listón muy alto". No es una broma de las que han inundado Twitter a cuenta de las desventuras etílicas del ya exconcejal. Son las declaraciones textuales de nuestra presidenta el mismo día que presentaba sus excusas por su último tropiezo periodístico. Ha habido más gente incidiendo en la presunta ejemplaridad del hasta la semana pasada miembro de la Junta de Gobierno del consistorio pamplonés. El propio alcalde de la ciudad, Enrique Maya, y el portavoz del Ejecutivo foral, Sánchez de Muniáin, se habían expresado en esos términos antes de la propia Barcina. Aunque lo parezca, no se trata de una apología de la infracción de la vigente Ley de Seguridad Vial. Cuando hablan de ejemplaridad se refieren al propio hecho de dimitir, no a las circunstancias que han motivado la jubilación anticipada del edil. Lo malo del caso es que tienen algo de razón. En este país, los políticos en el poder se aferran de tal forma a sus cargos, que han convertido la dimisión de cualquiera de ellos en algo simplemente extraordinario. Hasta tal punto, que exigen admiración para el que dimite, al margen de lo lamentable de los hechos que haya protagonizado. Vale, aquí nadie está libre de pecado. Pero por muy indulgentes que seamos con las debilidades humanas, mientras esto no sea Corea del Norte, un responsable de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Pamplona al que le han pillado dando 0,70 de alcoholemia al volante de un coche oficial no tiene otra que dimitir. Ver en ello ejemplaridad es tener nublada la vista o un morro que te lo pisas. El listón muy alto, dice Barcina. ¿Por comparación a quién? Tal vez el subconsciente traicionaba a una persona que debía haberse ido mil veces pero no se marcha ni con agua hirviendo. Es ella la que ha dejado el listón por los suelos.