La soberbia contrariada altera los procesos neuronales de construcción del pensamiento. La presidenta Barcina manifiesta síntomas evidentes en sus declaraciones. Revista Vanity Fair (Feria de la Vanidad), la publicación que mejor refleja en su título el espíritu de la entrevistada: "Los periodistas sabían que se cobraban dietas (Can), pero no preguntaban". Propósito repulsivo de imputar complicidad y negligencia a los periodistas en su opaca captación de dinero a través de la Comisión Permanente de la Junta de Entidades Fundadoras y sus dobles y triples sesiones en una mañana. Ya tuvo la indecencia de comparar ese ingreso con el de un albañil destajista. Activó la precaución de devolver lo recaudado. ¿Maquillaje de la imagen política? ¿Estrategia procesal? La doctora Hemeroteca hace tiempo que realizó el diagnóstico de Barcina: manipuladora tenaz y mentirosa compulsiva, con tendencia al victimismo conmovedor. Otra muestra de su alteración perceptiva, consecuencia de la anemia parlamentaria que padece: "Polo ha puesto el listón muy alto en la regeneración política". El concejal-delegado de Seguridad Ciudadana de Pamplona triplicó al volante la tasa de alcoholemia y se investiga la calificación justa del incidente (¿falta o delito?). Su dimisión era inevitable. De manual ético y estético. El halago revela el asombro de quien dinamitó un Gobierno de coalición, pasó de someterse a una cuestión de confianza y eludió la convocatoria de elecciones anticipadas a pesar de prórrogas presupuestarias y derrotas parlamentarias. El proceso degenerativo la confunde: "Ya estamos en el inicio de la salida de la crisis". Alucina. Pero aún mantiene brotes de lucidez: "Un pueblo que pierde sus raíces, pierde su identidad". El marco de su declaración (polémica por una muestra conmemorativa de aniversario del Regimiento militar que mandó el golpista Mola) confundió al personal. Los reproches se abalanzaron de forma injusta. Hablaba del euskera.